El ambicioso proyecto de defensa antimisiles conocido como la Cúpula Dorada, impulsado por el presidente Donald Trump, ha generado una ola de críticas por su alto coste, cuestionable viabilidad técnica y los riesgos estratégicos que supone, según advierten científicos y analistas de seguridad internacional.
El sistema, concebido para interceptar misiles intercontinentales mediante una red de satélites y vehículos interceptores, ha sido comparado con el Star Wars de la era Reagan, un programa cancelado tras consumir más de 60.000 millones de dólares sin resultados efectivos.
Aunque su nombre evoca a la Cúpula de Hierro israelí, el Golden Dome es mucho más ambicioso y pretende operar en múltiples capas, incluida la orbital, donde aún no se han probado muchas de sus tecnologías. Según la directora de investigación en Seguridad Global de la Unión de Científicos Consternados, Laura Grego, el sistema necesitaría “miles de satélites” para tener posibilidades mínimas de éxito, lo que lo convierte en una propuesta “inviable” desde el punto de vista técnico y económico.
El Congreso de EE.UU. ya ha aprobado 25.000 millones de dólares para una fase inicial, pero se estima que el coste total del proyecto podría superar los 542.000 millones de dólares en dos décadas, convirtiéndolo en el sistema antimisiles más costoso de la historia.
Expertos advierten que este programa no solo es ineficaz ante posibles ataques masivos —que podrían saturar el sistema fácilmente—, sino que también podría militarizar aún más el espacio y provocar una peligrosa carrera armamentista. El analista Jeffrey Lewis alertó que la creación de un campo de batalla orbital viola el espíritu del Tratado del Espacio Exterior de 1967 y abre la puerta a conflictos de consecuencias impredecibles.
Por otro lado, empresas como Lockheed Martin, SpaceX y startups emergentes como Anduril o Palantir podrían beneficiarse enormemente del presupuesto asignado, lo que ha levantado sospechas sobre intereses económicos detrás del proyecto.
En una carta reciente al secretario de Defensa, Pete Hegseth, cuatro congresistas demócratas calificaron el proyecto como «prohibitivamente costoso, operativamente ineficaz, enormemente corrupto y perjudicial para la seguridad de EE.UU. y del mundo».
«La historia ya ha demostrado que estos sistemas no funcionan y solo alimentan la inseguridad global», concluye Grego, quien cuestiona no solo la construcción del escudo, sino incluso la narrativa de querer desarrollarlo.




