En la República Dominicana, agosto de 2025 quedará marcado por una cadena de hechos dolorosos: al menos seis menores de edad murieron a manos de quienes debieron protegerlos, sus propios padres y tutores.
Los casos, documentados por diferentes medios, han conmocionado a la opinión pública y encendido las alarmas sobre la creciente violencia intrafamiliar que afecta a la niñez.
Emailing Coronado: una infancia truncada a golpes
El 16 de agosto, la pequeña Emailing Coronado, de apenas 7 años, fue brutalmente torturada y asesinada. Las autoridades detuvieron a su tía, quien era su tutora, Yokeiry Coronado de la Cruz, y a la pareja de esta, Jeider Montero Medina, como principales sospechosos.
El caso, ocurrido en circunstancias de extrema violencia, se convirtió en un símbolo del horror que puede ocultarse tras las paredes de un hogar. Ambos se encuentran bajo arresto preventivo, a la espera de juicio.
El envenenamiento de tres hermanos
En Santo Domingo Este, la tragedia alcanzó una magnitud aún más desgarradora cuando Pennsylvania Jiménez Valdez, madre de tres niños de 11, 9 y 7 años, decidió acabar con sus vidas. Según las investigaciones, mezcló veneno en el jugo que les sirvió y, posteriormente, se suicidó ingiriendo la misma sustancia.
El hecho dejó a la comunidad en estado de shock y provocó un amplio debate sobre los signos de alerta que pudieron haberse detectado antes de este desenlace.
Asfixia mortal contra un hijo de un año
En otro hecho, también en Santo Domingo, Dionys Zabala Reyes fue arrestado tras asfixiar a su hijo de un año y ocho meses. Las informaciones preliminares señalan que la agresión ocurrió en medio de una discusión con la madre del menor.
La Oficina de Servicios de Atención Permanente del Distrito Nacional dictó este martes 26 de agosto tres meses de prisión preventiva a Dionys Anderson Zabala Reyes, imputado en la muerte de su hijo en el sector Los Guandules.
El juez Rigoberto Sena determinó que Zabala Reyes cumpla la medida en el Centro de Corrección y Rehabilitación de San Pedro de Macorís (CCR-11), que cuenta con un pabellón especializado para personas con problemas mentales.
Un crimen seguido de suicidio en Nagua
El 11 de agosto, en la comunidad El Factor, provincia María Trinidad Sánchez, la Policía Nacional encontró sin vida a Melvin López García, de 2 años, y a su padre, Melanio López, de 55.
Las primeras indagatorias indican que el hombre se ahorcó y también a su hijo, y todo quedó grabado antes de quitarse la vida.
Vecinos y familiares aseguran que el padre atravesaba problemas personales y emocionales.
Un patrón que preocupa
Aunque estos cuatro casos concentran la atención mediática por su crudeza y cercanía en el tiempo, no son hechos aislados. De acuerdo con reportes periodísticos, en los últimos cinco meses al menos seis menores han muerto en circunstancias similares, la mayoría a manos de sus propios padres o tutores.
Especialistas en salud mental y sociólogos coinciden en que los detonantes van desde trastornos psicológicos no tratados hasta tensiones económicas y conflictos de pareja que escalan en violencia.
La doctora en psicología clínica Ana María Peralta advierte que “estos crímenes son la punta de un iceberg de violencia intrafamiliar y negligencia social, donde las señales de alarma casi siempre están presentes, pero no se actúa a tiempo”.
Un llamado urgente
Cada una de estas muertes no solo representa la pérdida irreparable de una vida, sino también el fracaso de los sistemas de protección a la infancia.
Organismos internacionales y locales coinciden en que urge reforzar las redes de apoyo comunitario, mejorar la detección temprana de maltrato y facilitar el acceso a servicios de salud mental.
Mientras tanto, agosto de 2025 queda grabado como un mes oscuro en el calendario dominicano, un recordatorio de que la violencia intrafamiliar es una amenaza latente que, si no se enfrenta con decisión, seguirá cobrando las vidas más vulnerables.




