La muerte del activista político estadounidense Charlie Kirk ha desatado interrogantes sobre la posible participación de fuerzas externas o agentes secretos en su asesinato. Tyler Robinson, señalado como autor del homicidio, podría haber sido solo un peón en un plan mucho más amplio.
Robinson nunca tuvo experiencia militar, nunca asistió a un campo de entrenamiento y no poseía un arma registrada. Sin embargo, su disparo fue descrito como quirúrgico, con precisión de francotirador, lo que genera dudas sobre quién lo entrenó realmente.
Una huella encontrada en el rifle utilizado por Robinson podría pertenecer a:
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Un extranjero, posiblemente un ruso con entrenamiento en operaciones encubiertas.
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Un estadounidense militar o “fantasma” borrado de los archivos por misiones secretas que nunca fueron reveladas.
Esto sugiere que Robinson fue un chivo expiatorio en un plan cuidadosamente ensayado y ejecutado por “manos invisibles”.
Si se confirma la participación de un extranjero o agente encubierto, la muerte de Charlie Kirk no sería un ataque político aislado, sino una señal de que una guerra secreta ya podría estar en marcha dentro de Estados Unidos.




