El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue recibido el miércoles por el rey Carlos III y la reina Camilla en el castillo de Windsor, dando inicio a una segunda visita de Estado sin precedentes al Reino Unido.
La llegada estuvo marcada por una espectacular ceremonia con guardias de honor, 1.300 soldados y 120 caballos, en un despliegue diseñado para impresionar y fortalecer los lazos entre ambos países.
Trump y la primera dama, Melania, fueron recibidos por el príncipe Guillermo y Kate al aterrizar en el Jardín Amurallado del castillo y se trasladaron al interior en carruajes estatales, pasando ante filas de soldados mientras las bandas militares interpretaban los himnos nacionales.
Durante el trayecto, el rey y el presidente conversaron brevemente y Trump pasó revista a la guardia de honor.
El programa incluyó un almuerzo privado, visita a una exposición sobre los lazos históricos entre Reino Unido y Estados Unidos, y un banquete de Estado con 160 invitados, donde se espera que el rey pronuncie un discurso en honor al presidente.
La visita, además de su simbolismo real, busca fortalecer la cooperación bilateral en asuntos tecnológicos y económicos, con reuniones programadas entre Trump y el primer ministro Keir Starmer. La seguridad es máxima y se ha elegido Windsor, con su entorno controlado, para minimizar posibles protestas.
Analistas destacan que la segunda invitación de Estado a un presidente estadounidense es un hecho histórico y refleja la importancia de las relaciones transatlánticas, especialmente en momentos de tensiones globales y políticas de “Estados Unidos primero”.




