La violencia de las bandas armadas en el centro de Haití ha dejado a miles de personas sin acceso a alimentos, obligando a muchos a depender de las escasas distribuciones de ayuda humanitaria en la región de Artibonite, conocida por sus arrozales y producción agrícola.
Fleuranta Cilné, desplazada de Verretes, describe la situación: «A veces, cuando no encuentro la comida que se distribuye, me quedo sin nada». Miles de campesinos y habitantes locales viven ahora en campamentos precarios, lejos de servicios básicos como agua, electricidad y atención médica.
Según la Coordinación Nacional de Seguridad Alimentaria (CNSA), al menos 5,7 millones de haitianos enfrentan inseguridad alimentaria, un «récord histórico» agravado por el desempleo, la inflación y el control de carreteras por parte de grupos criminales.
A pesar de la presencia de la Misión de Apoyo a la Seguridad (MMS) y la Policía Nacional de Haití, las bandas continúan expandiendo su territorio. Entre ellas destacan Gran Grif y Kokorat San Ras, responsables de robos, secuestros, masacres y violaciones.
La violencia en la región se originó tras las elecciones legislativas de 2015, cuando grupos armados surgieron de campañas políticas y posteriormente se consolidaron como bandas criminales. Desde 2017, surgieron más de una veintena de grupos de autodefensa en Artibonite, y casi todos los municipios y localidades cuentan con uno.
Dos líderes políticos de la zona, el exdiputado Prophane Victor y el exsenador Youri Latortue, han sido sancionados internacionalmente por financiar actividades delictivas vinculadas a estos grupos armados.
La situación humanitaria en Artibonite sigue deteriorándose: los campos agrícolas están abandonados, las familias desplazadas viven en condiciones inhumanas y el acceso a alimentos se ha convertido en un desafío diario.




