La presidenta de Tanzania, Samia Suluhu Hassan, juró este lunes el cargo en una ceremonia celebrada en Dodoma, tras imponerse en unas elecciones rodeadas de controversia y represión, en las que murieron al menos 150 personas según fuentes sanitarias.
Hassan fue declarada ganadora por la Comisión Electoral Nacional (INEC) con el 97,66 % de los votos, aunque los principales partidos opositores denunciaron fraude y exclusión de candidatos clave. Entre ellos, el líder del partido Chadema, Tundu Lissu, permanece detenido desde abril acusado de traición, y la candidatura de Luhaga Mpina, del partido ACT-Wazalendo, fue rechazada.
La ceremonia, cerrada al público y realizada en la base militar de Chamwino, contó con la presencia de varios mandatarios africanos, incluidos los presidentes de Burundi, Zambia, Mozambique y Somalia, además del vicepresidente de Kenia. Bajo fuertes medidas de seguridad, Hassan pasó revista a las tropas antes de realizar el juramento que marca oficialmente el inicio de su nuevo mandato.
Mientras tanto, en las principales ciudades del país como Dar es Salam, Arusha y Mbeya, la calma regresaba tras días de protestas violentas contra los resultados electorales. El partido Chadema aseguró que las víctimas mortales podrían ascender hasta 700, aunque estas cifras no han podido ser verificadas de manera independiente.
A pesar de las denuncias y de la preocupación expresada por la ONU, la Unión Europea y varias organizaciones de derechos humanos, la mandataria recibió felicitaciones de una decena de líderes africanos y del bloque de la Unión Africana.
Samia Suluhu Hassan enfrenta así su primera gran prueba política desde que asumió la presidencia en 2021, tras la muerte de su antecesor John Magufuli, con el desafío de restaurar la estabilidad interna y la confianza en el sistema democrático tanzano.




