Guiada por guardabosques y con los ojos vendados, una jirafa se tambaleó al subir al vehículo que la trasladaría hacia un nuevo hogar en el Valle del Rift, en el este de Kenia. La escena refleja una realidad cada vez más frecuente: la reubicación de fauna silvestre como último recurso frente al avance de la actividad humana y los efectos del cambio climático.
Operaciones cada vez más comunes
El Servicio de Vida Silvestre de Kenia (KWS) supervisa estas complejas operaciones, que se han vuelto habituales en la región. En los últimos meses, cientos de jirafas, cebras y antílopes han sido retirados de Kedong Ranch, en la ribera del lago Naivasha, un destino turístico que ha sido vendido y subdividido para proyectos inmobiliarios.
Las cercas y construcciones han bloqueado corredores naturales entre el Monte Longonot y Hells Gate, dejando a los animales varados y estresados. “Los animales comenzaron a sufrir. Estaban varados, estresados”, explicó Patrick Wambugu, del KWS.
Riesgos en el traslado
El domingo, cinco jirafas fueron reubicadas en una operación que movilizó decenas de personas, camionetas y hasta un helicóptero. Según el veterinario Dominic Mijele, la jirafa es el animal más difícil de trasladar por los riesgos que implica: puede sufrir caídas fatales al ser sedada, propinar fuertes patadas y es extremadamente sensible a la anestesia debido a su particular anatomía.
Por ello, los guardabosques deben inmovilizar físicamente al animal antes de vendarle los ojos y trasladarlo. Una vez aseguradas, las jirafas recorren unos 30 kilómetros hasta la reserva privada Oserengoni, donde son monitoreadas durante una semana. En la mayoría de los casos, establecen su territorio en apenas dos días.
Conservación en tiempos de presión humana
El crecimiento poblacional de Kenia, que pasó de 30 millones en el año 2000 a 56,4 millones en 2024, ha intensificado los conflictos entre humanos y fauna silvestre. Según Evan Mkala, del Fondo Internacional para el Bienestar Animal, la región del lago Naivasha está siendo “invadida” por asentamientos humanos, lo que obliga a realizar costosas reubicaciones cuando se alcanza un “punto crítico”.
Kenia cuenta con cientos de parques nacionales y reservas privadas que generan importantes ingresos turísticos, pero enfrenta el desafío de conciliar el desarrollo económico con la conservación. Para Philip Muruthi, vicepresidente de la Fundación Africana de Vida Silvestre, el dilema no debe plantearse como una elección: “África no tiene que escoger entre la conservación de vida silvestre, la protección de la naturaleza y el desarrollo. El bienestar de humanos y animales es inseparable”.




