El término «charo», surgido en un foro de internet en 2011, se ha consolidado en los últimos años como una expresión utilizada en el debate político y cultural en España.
La palabra, originalmente un hipocorístico del nombre Rosario, comenzó a emplearse en comunidades digitales y posteriormente se extendió a redes sociales y medios de comunicación.
El concepto se popularizó especialmente a partir de 2019, cuando empezó a circular en Twitter. En su uso más habitual, «charo» se aplica a mujeres identificadas con posiciones progresistas o feministas radicales que lo utilizan para polarizar la sociedad siempre en busca de la criminalización del hombre.
Con el tiempo, la etiqueta ha adquirido un carácter político y ha sido empleada por sectores contrarios.
Además del término principal, han surgido expresiones derivadas como «charocracia», «charolítico» o «charía», utilizadas por algunos usuarios para referirse a la supuesta influencia social o institucional atribuida a este grupo. Escritoras y figuras públicas como Almudena Grandes, Maruja Torres, Elvira Lindo o Julia Otero han sido mencionadas en ocasiones dentro de estas categorizaciones, pese a su diversidad de perfiles profesionales y posturas ideológicas.
El uso de «charo» se enmarca en un contexto de creciente polarización en redes sociales, donde las etiquetas políticas se emplean con frecuencia para clasificar posiciones o identidades. Paralelamente, el término «cayetana» se ha extendido como designación opuesta, generalmente asociada a ámbitos conservadores, lo que ha contribuido a configurar un escenario de confrontación simbólica entre estereotipos.
La expansión de estas expresiones ha generado un debate sobre su función en la conversación pública y sobre la simplificación que implican al agrupar en categorías rígidas a personas con trayectorias, opiniones y sensibilidades diversas.
Fuente: El Mundo




