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El expresidente francés Sarkozy regresa al debate público con su nuevo libro, donde relata sus 20 días en prisión

El expresidente francés Sarkozy regresa al debate público con su nuevo libro, donde relata sus 20 días en prisión

A pocos días de que Journal d’un prisonnier llegue a las librerías, Nicolas Sarkozy vuelve a colocarse en el centro de la atención pública. En esta obra, el expresidente francés reconstruye su paso por la cárcel de La Santé, en París, ofreciendo un relato que mezcla introspección, rutina carcelaria y un notable regreso a la espiritualidad.

Sarkozy describe sus días en prisión como dominados por un gris abrumador. “Me sorprendió la ausencia de todo color. El gris lo cubría todo, devoraba cada superficie”, confiesa.

Ante ese entorno, recurrió al rezo: el primer día se arrodilló durante varios minutos, buscando fuerza para soportar lo que él considera una injusticia, en referencia a la condena por la financiación de su campaña presidencial de 2007 con dinero del régimen libio de Muamar Gadafi.

Durante su estancia, de 23 horas al día recluido en su celda, el exmandatario llevaba una vida austera: se alimentaba principalmente de lácteos, barritas de cereales, zumo de naranja y algunos dulces. Solo salía para hacer deporte en una pequeña sala o recibir visitas, especialmente de su esposa, Carla Bruni, con quien compartía aproximadamente cincuenta minutos en cada encuentro.

La espiritualidad se convirtió en un refugio constante. Los domingos recibía la visita de un sacerdote, y al salir de prisión, cumplió la promesa de acudir al santuario de Lourdes con su esposa. Además, recibió una gran cantidad de cartas que, según él, confirmaban “la importancia de las raíces cristianas de Francia” y daban sentido a su actividad política.

Por motivos de seguridad, Sarkozy estuvo en un ala especialmente acondicionada para evitar contacto con otros internos. Durante su encarcelamiento, no contaba con teléfono móvil ni tableta, y sus llamadas eran supervisadas. Sus únicas lecturas eran el diario conservador Le Figaro y el deportivo L’Équipe.

Más allá de la condena por la financiación libia, el exmandatario ha enfrentado otros fallos judiciales: el Tribunal Supremo confirmó en noviembre pasado una pena de seis meses por financiación irregular de la campaña de 2012, y en diciembre se elevó a firme otra sentencia por corrupción y tráfico de influencias, que lo obligó a portar un brazalete electrónico entre febrero y mayo, cumpliendo arresto domiciliario.

En Journal d’un prisonnier, Sarkozy ofrece su versión de esos días grises y solitarios, un testimonio donde la rutina, la fe y la lectura de cartas se convierten en los pilares que sostuvieron su experiencia tras los muros de La Santé.

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