El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encabezará este jueves en Davos, Suiza, la firma del Consejo de Paz, un nuevo organismo internacional promovido por Washington con el objetivo de coordinar la resolución de disputas a escala mundial. El acto se realizará durante el Foro Económico Mundial y representa una nueva etapa de la estrategia de la Casa Blanca para enfrentar las actuales tensiones internacionales.
La iniciativa busca consolidarse como una alternativa a las Naciones Unidas, una intención que ha generado cautela y malestar entre varios gobiernos. De hecho, solo un grupo reducido de países confirmó la participación de sus jefes de Estado, mientras que otros expresaron reservas ante lo que consideran un intento estadounidense de desplazar el rol de la ONU.
Aunque el proyecto original, aprobado en noviembre por el Consejo de Seguridad con un mandato de dos años, limitaba las funciones del Consejo de Paz a la supervisión de Gaza tras la guerra, la invitación enviada a los líderes internacionales evita cualquier referencia al enclave palestino. En cambio, el documento cuestiona abiertamente a la ONU y propone apartarse de instituciones que, según el texto, han demostrado reiterados fracasos.
Decenas de países recibieron la invitación para integrar la Junta Directiva, entre ellos Alemania, Canadá, India, Israel, Rusia y Turquía. Sin embargo, solo Argentina, Hungría, Marruecos y Vietnam confirmaron su adhesión al panel. Israel estará representado en Davos por su presidente, Isaac Herzog, mientras que el primer ministro Benjamin Netanyahu declinó asistir.
Netanyahu manifestó su desacuerdo con la inclusión de Turquía y Qatar en la Junta Ejecutiva de Gaza, el órgano operativo del Consejo, y trasladó su malestar al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Aunque minimizó públicamente la influencia de estos países dentro del esquema, la Junta Ejecutiva tendrá a su cargo la administración de Gaza en la etapa posterior al conflicto.
Las tensiones también se reflejaron en la negativa de Israel a reabrir el cruce de Rafah con Egipto, pese a la presión de Washington. El gobierno israelí sostiene que la reapertura solo debe producirse si Hamas se desarma y entrega el cuerpo de un rehén israelí.
En paralelo, la propuesta del Consejo de Paz generó fricciones con Francia. El plan contempla el pago de USD 1.000 millones para acceder a un asiento permanente tras tres años iniciales, una condición que París rechazó por considerarla incompatible con sus compromisos internacionales y su pertenencia a la ONU. Consultado sobre la postura francesa, Trump respondió con ironía y restó importancia a la negativa.
La creación del Consejo de Paz abre así un nuevo frente diplomático, marcado por apoyos limitados, críticas de aliados tradicionales y un debate de fondo sobre el futuro del multilateralismo global.




