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Docentes en Madrid, clave para detección y cuidado de la salud mental

El profesorado desempeña un papel fundamental en España, especificamente ante la detección temprana del malestar emocional en el alumnado, aunque su función no es diagnosticar ni tratar, sino identificar señales de alerta, acompañar y canalizar los casos hacia profesionales especializados, en coordinación con las familias.

Así lo establece el “Vademécum de salud mental y bienestar emocional en la escuela”, una guía elaborada por un equipo multidisciplinario de psicólogos y expertos en educación, dirigida por el psicólogo y exdefensor del menor Javier Urra, que ofrece respuestas a 115 preguntas frecuentes del ámbito educativo.

La publicación, desarrollada con el respaldo de Siena Educación, Fundación Mapfre y Grupo Anaya, fue presentada este miércoles como una herramienta práctica de consulta para orientar al profesorado frente a situaciones complejas como ansiedad, depresión, acoso escolar, autolesiones e ideación suicida.

Señales de alerta en niños y adolescentes

Urra subraya que el docente, por su contacto diario con los estudiantes, está en una posición privilegiada para detectar cambios emocionales y conductuales que pueden esconder problemas de salud mental. Entre los trastornos más frecuentes menciona la ansiedad, los ataques de pánico, la depresión, los trastornos de conducta, los problemas psicosomáticos, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y las autolesiones.

El especialista advierte sobre el incremento significativo de los TCA, asociados a la presión social y los modelos estéticos difundidos en redes sociales, factores que afectan la autoestima y aumentan la autoexigencia en edades tempranas.

Asimismo, alertó sobre el aumento de la ansiedad relacionada con la presión académica y el miedo al rechazo social, y señaló que la depresión juvenil presenta cifras “cada vez más preocupantes”, muchas veces camuflada en irritabilidad, aislamiento o cambios bruscos de conducta.

Recordó además que el suicidio constituye la segunda causa de muerte no natural entre jóvenes de 15 a 25 años, lo que refuerza la importancia de la prevención desde el entorno educativo.

Diferencias según la etapa evolutiva

La guía explica que los problemas emocionales no se manifiestan igual en la niñez que en la adolescencia. Entre los 6 y 12 años, suelen expresarse mediante rabietas frecuentes, llanto constante, agresividad, dificultades para relacionarse o molestias físicas como dolores abdominales.

En la franja de 12 a 18 años, predominan señales como tristeza persistente, apatía, desesperanza, rebeldía extrema o conductas agresivas reiteradas.

Indicadores de posible malestar emocional

El bajo rendimiento escolar puede ser una señal de alerta, ya que los problemas emocionales afectan la concentración, la motivación y la asistencia a clases. Otros indicadores incluyen cambios repentinos en el comportamiento académico, aislamiento social, alteraciones del sueño o del peso, así como quejas frecuentes de dolores de cabeza o estómago sin causa médica aparente.

Urra recalca que el rol del docente es observar, escuchar y derivar, no intervenir clínicamente. “El profesorado debe ofrecer contención emocional y un espacio de escucha segura, reconociendo siempre los límites de su función”, precisa la guía.

La escuela como espacio protector

El documento destaca que el entorno escolar puede convertirse tanto en un factor de protección como de riesgo. Un clima respetuoso, inclusivo y emocionalmente seguro favorece el bienestar, mientras que ambientes hostiles, competitivos o excluyentes incrementan la ansiedad y la frustración.

Por ello, se recomienda fomentar el respeto mutuo, establecer normas claras de convivencia, promover el diálogo emocional sin juicios y evitar la sobrecarga académica. También se sugiere incorporar actividades de resolución de conflictos, empatía, asertividad, autocontrol y refuerzo positivo de los logros, por pequeños que sean.

Respuestas a situaciones complejas

El Vademécum aborda cuestiones clave como el origen del acoso escolar, el apoyo psicológico necesario tanto para víctimas como agresores, la actuación ante el suicidio de un miembro de la comunidad educativa, la detección de malos tratos en el hogar, el manejo de sospechas de abuso sexual y las adicciones a sustancias, juegos o pantallas.

Además, incluye orientaciones sobre identidad sexual y pautas familiares que pueden afectar el equilibrio emocional del alumnado.

Con esta guía, los expertos buscan empoderar al profesorado con herramientas claras para actuar a tiempo, reforzando el papel de la escuela como un espacio seguro y comprometido con la salud mental de niños y adolescentes.

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