Los líderes de la Unión Europea (UE) reafirmaron este jueves su pleno respaldo a Dinamarca y Groenlandia tras el aumento de tensiones con Estados Unidos y aseguraron que cuentan con los instrumentos necesarios para defenderse ante cualquier medida coercitiva.
La declaración se produjo al cierre de una cumbre extraordinaria de los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete, convocada de urgencia para analizar las amenazas arancelarias emitidas por el presidente estadounidense, Donald Trump, hacia los países que expresaron reservas frente a su interés de ejercer control sobre Groenlandia, territorio autónomo perteneciente a Dinamarca.
En su intervención ante la prensa, António Costa, presidente del Consejo Europeo, subrayó que solo Dinamarca y Groenlandia están facultadas para decidir sobre sus asuntos internos. “Dinamarca y Groenlandia cuentan con el apoyo total de la Unión Europea. Solo ellos pueden definir sus políticas y decisiones soberanas”, afirmó.
Costa valoró positivamente el anuncio de Trump la semana pasada en Davos, Suiza, sobre la retirada de su amenaza arancelaria, señalando que de haberse ejecutado, la medida habría sido incompatible con el acuerdo comercial vigente entre la UE y Estados Unidos, firmado el pasado verano.
Defensa de intereses y medidas de protección
El presidente del Consejo Europeo recalcó que la UE continuará protegiendo sus intereses, a sus Estados miembros, ciudadanos y empresas frente a cualquier forma de presión externa. “La Unión Europea posee los medios y la capacidad para actuar, y lo hará cuando sea necesario”, enfatizó.
Entre las posibles medidas de represalia que la UE podría implementar en caso de nuevas sanciones comerciales se contemplan: imposición de aranceles sobre productos estadounidenses por un valor aproximado de 93,000 millones de euros y la activación del instrumento anticoerción de la UE, conocido popularmente como la “bazuca comercial”, diseñado para responder ante actos de presión económica de terceros países.
Con esta cumbre, la UE busca garantizar la soberanía de sus miembros y estabilizar las relaciones comerciales con Estados Unidos, evitando conflictos que puedan afectar la cooperación transatlántica y los acuerdos económicos existentes.




