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Dicidente cubana reclama apoyo internacional para transición en Cuba, pero descarta una intervención

Dicidente cubana reclama apoyo internacional para transición en Cuba, pero descarta una intervención

La académica, historiadora y disidente cubana Alina Bárbara López considera que Cuba necesita un acompañamiento internacional para encaminar una transición política y económica, aunque rechaza de forma tajante cualquier intervención militar extranjera, al entender que no sería una solución viable ni deseable para la crisis que atraviesa la isla.

En una entrevista concedida a EFE, López sostiene que el país vive “probablemente el peor momento de su historia”, tras más de seis años de una profunda crisis económica, agravada por el deterioro social, político e institucional, y por las recientes tensiones en el escenario internacional.

“Sí, la ciudadanía cubana necesita acompañamiento internacional, pero eso no es lo mismo que una intervención”, aclara la intelectual, quien lamenta la falta de conciencia global sobre la magnitud real de la situación en la isla.

Economía devastada y urgencia de apoyo externo
A juicio de López, el respaldo de la comunidad internacional sería clave en una eventual transición, dado que la economía cubana se encuentra “absolutamente destruida”. Incluso compara el estado actual del país con el de algunas naciones europeas tras la Segunda Guerra Mundial.

No obstante, insiste en que una intervención militar extranjera “no es factible ni atractiva”, especialmente para Estados Unidos, ya que implicaría un alto costo financiero y un compromiso prolongado. “El primer perjudicado sería el propio Gobierno que interviniera”, advierte.

Además, subraya que una acción de ese tipo podría generar caos interno. “Una intervención no resolvería el problema; podría desatar la anarquía. El cambio tiene que venir desde dentro, desde la participación y la implicación de la ciudadanía. Desde fuera pueden sustituirnos una dictadura por otra”, alerta.

Presión internacional y derechos humanos
La disidente reconoce que, en contextos altamente represivos como Cuba o Venezuela, parte de la población llegue a ver con esperanza una intervención extranjera. Sin embargo, considera que esa percepción responde más a una necesidad psicológica que a una solución real.

En ese sentido, hace un llamado a la comunidad internacional —en especial a la Unión Europea— para que ejerza mayor presión sobre el Gobierno cubano, con el objetivo de que respete los derechos humanos y ponga fin a prácticas que califica de “aberrantes” dentro del país.

Transformación inevitable
López sostiene que el Gobierno cubano se verá obligado, tarde o temprano, a emprender algún tipo de transformación, ya que el país “no funciona” desde el punto de vista económico. Describe un panorama marcado por la paralización productiva, apagones frecuentes, una inflación que ha pulverizado el poder adquisitivo, un Estado cercano a la descapitalización y la imposición de restricciones financieras que han afectado gravemente a la población.

“Hoy no veo ninguna perspectiva. Económica, política, social, cultural y simbólicamente, este es el peor momento de nuestra historia”, enfatiza.

Oposición: debilidad y necesidad de unidad
La intelectual considera que Cuba se encuentra en un “punto muerto”, donde el Gobierno apenas puede resistir, pero reconoce que la oposición y la ciudadanía que apuesta por el cambio aún carecen de la fuerza suficiente para provocar una transformación profunda.

“El Gobierno es débil, pero nosotros todavía no somos lo suficientemente fuertes”, admite. Atribuye esta fragilidad a la represión, que limita la articulación social y política, aunque observa señales de emergencia de la sociedad civil, especialmente entre las comunidades cubanas en el exterior.

En su opinión, la oposición debe avanzar hacia un programa mínimo común, basado en puntos de coincidencia y convergencia, pese a las diferencias internas. “Tiene que existir un horizonte compartido”, subraya.

Finalmente, López advierte sobre un recrudecimiento reciente de la represión, con detenciones arbitrarias, cortes de comunicaciones y notificación de sentencias condenatorias, fenómeno que —según señala— se repite históricamente cada vez que el Gobierno enfrenta tensiones internas.

Como cierre, traza un paralelismo simbólico con los años previos a 1959: “Cuando triunfó la revolución, los cuarteles se convirtieron en escuelas. Hoy vemos escuelas abandonadas convertidas en prisiones. Esa paradoja dice mucho del momento que estamos viviendo”, concluye.

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