La relación entre la República de Colombia y Estados Unidos cumple un año marcado por crisis y desencuentros entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump, con la expectativa de un acercamiento durante la reunión programada para el próximo 3 de febrero en la Casa Blanca.
La tensión inició apenas seis días después de la investidura de Trump en su segundo mandato, cuando el mandatario colombiano impidió la entrada de dos aviones con deportados estadounidenses, argumentando que los detenidos no recibían un trato «digno» al llegar esposados. Este incidente estuvo a punto de derivar en una guerra arancelaria entre ambos países, aunque se resolvió el mismo día, dejando una herida en la sólida relación bilateral.
María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana (Amcham), destacó a EFE que “la relación entre Bogotá y Washington es estratégica y resiliente; las tensiones generan ruido, pero no destruyen los cimientos. El episodio del 26 de enero evidenció que los canales formales y la interlocución permiten desescalar conflictos y proteger la cooperación económica”.
Intercambio comercial y relevancia estratégica
Mantener vínculos sólidos con Estados Unidos es crucial para la nación suramericana, dado que es su principal aliado en seguridad y defensa y su mayor socio comercial, con quien mantiene un Tratado de Libre Comercio desde mayo de 2012. En 2024, el comercio bilateral alcanzó los 53.300 millones de dólares, con un superávit de 3.300 millones a favor de Estados Unidos. Entre enero y noviembre de 2025, el país norteamericano continuó siendo el principal destino de exportaciones colombianas y su mayor inversor histórico.
Críticas y sanciones
No obstante, la relación empeoró con las críticas recurrentes de Petro hacia Trump, desde operaciones contra el narcotráfico en el Caribe hasta la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y diferencias sobre la guerra en Gaza. En septiembre de 2025, Washington retiró a Bogotá de la lista de países certificados en lucha antidrogas y suspendió el visado del presidente colombiano.
El golpe más duro llegó en octubre, cuando el Departamento del Tesoro estadounidense incluyó a Petro, su esposa y su hijo mayor en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), conocida como ‘Lista Clinton’. Trump llegó a calificar al mandatario colombiano como «líder del narcotráfico».
Expectativas en torno a la reunión
Tras la llamada telefónica entre ambos presidentes el 7 de enero, se acordó el encuentro en Washington, que será la primera reunión directa entre Petro y Trump. Javier Díaz Molina, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), afirmó que se espera que el encuentro «beneficie a ambos países, normalice la relación diplomática y permita avanzar en la lucha conjunta contra el narcotráfico».
La cita ha generado gran expectativa en Bogotá, donde analistas y medios de comunicación debaten qué propuestas podría presentar cada líder, desde apoyo en la política antidrogas hasta garantías democráticas y alivio de sanciones. La canciller Rosa Villavicencio sostuvo conversaciones con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, para preparar la agenda del encuentro y fortalecer la cooperación histórica entre los dos países.
Lacouture concluyó: “La relación trasciende gobiernos; requiere gestión constante con múltiples actores para mantener canales abiertos, proteger la confianza y separar lo político de lo económico”.




