En medio de una densa niebla y rodeado de arbustos, rescatistas e investigadores examinan los restos del avión de la aerolínea colombiana Satena que se estrelló en una montaña cercana a La Playa de Belén, Norte de Santander, causando la muerte de sus trece pasajeros y dos tripulantes.
La aeronave, un bimotor Beechcraft 1900 con más de 32.000 horas de vuelo, cubría la ruta entre Cúcuta y Ocaña, un trayecto de 25 minutos, pero perdió contacto con la torre de control a los 12 minutos de haber despegado. Posteriormente, habitantes de la zona de Curacica informaron del hallazgo del aparato siniestrado en la cima de una colina.
Moisés Rodríguez, campesino local, relató : «Llegué alrededor de las 4:30 p.m., subí desde La Playa y ya había personas de otras comunidades». Los rescatistas del Grupo de Búsqueda y Rescate Aeronáutico de Colombia (BRAC) continúan en el lugar recuperando piezas del avión, que quedó fragmentado y disperso entre la vegetación, así como pertenencias de los pasajeros.
Por el momento, Satena no ha dado una hipótesis sobre las causas del accidente. La aerolínea aseguró que «las condiciones meteorológicas eran favorables» y que no hay indicios de factores externos que hayan influido en la tragedia. Los pilotos, Miguel Vanegas y José de la Vega, acumulaban más de 10.000 y 7.000 horas de vuelo respectivamente, y no reportaron emergencia alguna antes del impacto.
Los restos de los 15 ocupantes fueron trasladados a Cúcuta para su identificación. Entre ellos se encontraba el congresista Diógenes Quintero Amaya, representante por la Circunscripción Transitoria Especial de Paz del Catatumbo, cuyo fallecimiento conmocionó al país.
A pesar del accidente, Satena confirmó que mantendrá sus operaciones en la ruta Cúcuta-Ocaña, reiterando su misión como empresa estatal de conectar regiones donde no llegan las grandes aerolíneas.




