En la oscuridad de la noche, la cárcel El Rodeo I, ubicada en el municipio Zamora, se convierte en un escenario de voces que atraviesan los muros. Presos políticos y sus familiares desafían la distancia con gritos y diálogos improvisados, buscando mantener el contacto en medio de estrictas restricciones de visitas.
Desde un cerro cercano, decenas de mujeres llaman a sus seres queridos con velas en mano. Entre preguntas y respuestas a ciegas, se mezclan la alegría de escucharse y la angustia por la separación. Las visitas, limitadas a 15 minutos semanales a través de un vidrio, han convertido estos intercambios en la principal vía de comunicación.
Reclamos por libertad y justicia
Durante la vigilia, los familiares informan a los presos sobre el avance de la amnistía aprobada recientemente por la Asamblea Nacional, los cambios en la Fiscalía y las acciones que impulsan para exigir la liberación de todos los presos políticos. Por su parte, los internos denuncian las condiciones de detención y reiteran sus demandas:
«Libertad de todos los secuestrados, pedimos liberación masiva», exclamó uno de los internos, seguido por un grito colectivo que clamaba por «justicia» y «libertad».
Asimismo, cuestionaron la demora en la implementación de la amnistía:
«Todos los derechos de los presos políticos han sido violados, ¿qué están esperando para soltar a la gente?», expresó una voz desde la prisión.
Hasta el momento, la amnistía ha beneficiado con liberación total a 223 personas y levantado medidas cautelares a otras 4.534, según la ONG Foro Penal. Sin embargo, aún permanecen en prisión unos 568 políticos, aunque no se sabe cuántos están en El Rodeo I.
Extranjeros en huelga de hambre y llamados internacionales
El fin de semana pasado, los presos iniciaron una huelga de hambre como forma de protesta por su situación. Entre ellos se encuentran extranjeros, como el gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido tras cruzar la frontera desde Colombia. Durante la noche, se escuchó incluso el himno de Colombia desde el penal.
Los internos hicieron llamados a consulados y organismos internacionales:
«¡Que ingrese la Cruz Roja!» y «¡que venga la ONU!», reclamaban, mientras sus familias prometían continuar presionando por su liberación.
La noche terminó con un mensaje de unidad y esperanza:
«Dios los bendiga a todos», se despidieron los presos, coreando juntos con sus familiares: «Familia unida, jamás será vencida».




