En un emotivo acto celebrado el sábado en la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV instó a los líderes globales a poner freno a la violencia y a “sentarse en mesas de diálogo y mediación”, en lugar de continuar con la exhibición de poder y el fomento de la guerra. El pontífice, quien convocó a los asistentes a un acto por la paz en el Vaticano, subrayó que es esencial que los gobernantes prioricen la paz por encima de la escalada militar.
“Queridos hermanos y hermanas, los líderes de las naciones tienen responsabilidades que no pueden eludir. ¡Es hora de parar! ¡Es momento de paz! ¡Debemos sentarnos a dialogar, no a planear nuevos enfrentamientos ni a tramar acciones bélicas!”, expresó el Papa en un tono firme y solemne.
El evento congregó a miles de fieles, religiosos y representantes de la Curia, que se unieron en oración por la paz, enfocando sus pensamientos en las regiones más conflictivas del mundo, tales como Irán, Ucrania, África, Líbano, Israel, Palestina y el Medio Oriente en general.
León XIV no mencionó de forma directa a ningún país en particular, pero su mensaje fue claro: la guerra, en cualquiera de sus formas, es una “locura” que no debe continuar. En sus palabras, el Papa criticó enérgicamente la violencia y el sufrimiento generado por los conflictos, y advirtió que la humanidad no debe resignarse a vivir en un mundo marcado por la violencia.
“Este mundo no está condenado a un destino de muerte. Aunque muchos siguen crucificando y destruyendo vidas sin compasión, debemos rebelarnos contra este curso y luchar por un futuro donde el perdón y la comprensión prevalezcan sobre la venganza y la opresión”, expresó el Papa, quien también destacó que la verdadera fuerza radica en servir a la vida, no en imponer la violencia.
León XIV enfatizó la necesidad de “romper la cadena demoníaca del mal” que perpetúa la violencia, y destacó la creciente amenaza de la guerra en nombre de ideologías o creencias, una situación que él considera comparable a una pesadilla global.
El Papa también se refirió a las cartas que recibe de niños provenientes de zonas de conflicto, en las que se reflejan los horrores de la guerra. “Las cartas que leo me llenan de tristeza, porque en ellas se percibe la brutalidad de actos que algunos adultos defienden con orgullo”, lamentó.
A pesar de la desesperanza que pueden generar los conflictos, el pontífice hizo un llamado a la humanidad, asegurando que existen miles de millones de personas en el mundo que anhelan la paz. “Es necesario construirla día a día, en nuestras casas, escuelas y comunidades”, dijo, reafirmando el compromiso de la Iglesia de ser un refugio para la reconciliación, aunque su posición pacifista le haya ganado a veces incomprensión.
Durante el acto, se rezó el Rosario y representantes de distintos continentes encendieron las velas de la paz de San Francisco de Asís, en conmemoración de los 800 años de su fallecimiento, simbolizando la esperanza de un futuro más armonioso.
El Papa concluyó su mensaje con un llamado a rechazar la “idolatría del dinero y del poder” y a recordar que “la verdadera fuerza está en el servicio a la vida




