El presidente de Daniel Noboa cumple su primer año de su segundo mandato al frente de Ecuador, en un escenario marcado por la ofensiva del Gobierno contra el crimen organizado, la inestabilidad política interna y el aumento de tensiones diplomáticas y comerciales en la región.
Desde su regreso al poder, Noboa ha mantenido una estrategia de seguridad basada en la declaración de “conflicto armado interno” contra las bandas criminales, a las que su administración vincula con el narcotráfico y la minería ilegal. Aunque se han registrado capturas importantes de líderes delictivos, los niveles de violencia siguen siendo elevados, con miles de homicidios anuales que mantienen al país entre los más violentos de Latinoamérica.
En el ámbito político, el mandatario sufrió un fuerte revés tras el referéndum impulsado por su Gobierno, en el que la ciudadanía rechazó sus principales propuestas de reforma institucional, incluida la convocatoria de una Asamblea Constituyente y otros cambios en el sistema político y electoral. Este resultado frenó parte de su agenda de transformaciones.
El panorama social también se vio afectado por protestas indígenas contra la eliminación del subsidio al diésel, especialmente en la provincia de Imbabura, movilizaciones que dejaron víctimas mortales y cientos de heridos. Las manifestaciones concluyeron sin acuerdos con el Ejecutivo, profundizando las tensiones internas.
En el plano económico, Ecuador continúa bajo el seguimiento del Fondo Monetario Internacional, mientras el Gobierno sostiene políticas de ajuste y reformas en medio de un crecimiento moderado. A nivel internacional, la administración de Noboa mantiene una relación cercana con Estados Unidos y enfrenta un conflicto comercial con Colombia, tras la imposición de aranceles que han generado respuestas recíprocas.
El primer año de gestión de Noboa refleja así un equilibrio complejo entre la lucha contra la inseguridad, la resistencia política interna y una creciente tensión en el escenario regional.




