La crisis energética en Cuba ha forzado el cierre anticipado del curso escolar, ante la imposibilidad de impartir clases en condiciones mínimas. Apagones prolongados, falta de transporte y carencias en los comedores escolares han dificultado la continuidad de la educación.
La ministra de Educación, Naima Trujillo, indicó que el fin de curso debía desarrollarse de forma gradual entre el 15 y el 30 de junio, pero en la práctica muchas escuelas han adelantado la conclusión de las actividades por el agravamiento de la crisis energética.
En varias provincias, los cortes de electricidad alcanzan hasta 22 horas al día, afectando el descanso y la asistencia de los estudiantes. La paralización del transporte público, la escasez de alimentos y la salida de docentes del sistema educativo han reducido de manera significativa la cobertura escolar.
Padres y abuelos describen un escenario crítico, donde los niños pasan gran parte del día fuera de las aulas, acompañando a familiares o realizando tareas domésticas. “No hay luz, no hay agua, no hay nada”, relatan, subrayando que bajo estas condiciones, “no se puede dar clase así”.
Según datos de EFE, ninguna provincia cubana ha alcanzado la cobertura docente completa, y en algunos lugares falta hasta un tercio de los maestros. Los bajos salarios del sector contribuyen a la migración de profesionales, debilitando aún más la educación pública.
Organismos internacionales como la UNESCO han advertido sobre el riesgo que enfrenta el sistema educativo. La directora regional en La Habana, Anne Lemaistre, señaló que la crisis energética amenaza el aprendizaje de toda una generación, con posibles repercusiones a largo plazo.




