Las autoridades han reportado al menos 164 fallecidos y 971 heridos, mientras continúan las labores de rescate en medio de la incertidumbre y el miedo a nuevas réplicas. Los movimientos sísmicos ocurrieron con apenas segundos de diferencia y han sido calificados como un “doblete sísmico”, debido a su intensidad y cercanía temporal.
En distintas zonas de La Guaira, miles de personas permanecen en las calles por temor a nuevos derrumbes, mientras numerosos edificios han colapsado o sufrido graves daños estructurales. La falta de maquinaria pesada y la saturación de los cuerpos de bomberos han ralentizado las labores de búsqueda y rescate entre los escombros.
La situación es aún más crítica en sectores cercanos a Catia La Mar, donde se han registrado incendios en estructuras dañadas y el colapso de infraestructuras clave. Además, la ausencia de electricidad, señal telefónica y vías de acceso ha dejado a la región prácticamente incomunicada.
En medio de la emergencia, también se han reportado saqueos en algunos comercios debido a la escasez de alimentos y la desesperación de la población. Muchos habitantes aseguran no tener información clara sobre refugios o puntos de ayuda, mientras patrullas de seguridad circulan sin brindar instrucciones precisas.
Las autoridades han declarado a La Guaira como zona de desastre natural, advirtiendo que es el estado más afectado del país por la magnitud de los colapsos. Mientras tanto, las réplicas continúan generando temor entre los sobrevivientes, que permanecen a la espera de ayuda humanitaria urgente.
La tragedia ha dejado a miles de familias en duelo y a toda una región sumida en la incertidumbre, enfrentando uno de los desastres sísmicos más graves de los últimos años en Venezuela.




