Las empresas de la Unión Europea (UE) comienzan a aplicar desde hoy el nuevo Reglamento de Envases y Residuos de Envases, una normativa que busca impulsar la reutilización, reducir la generación de basura y avanzar hacia un modelo de economía circular. La medida supone un cambio significativo para la industria alimentaria y de bebidas, especialmente por las nuevas condiciones sobre diseño, reciclabilidad y sustancias químicas.
El reglamento entró en vigor en febrero de 2025, pero este miércoles 12 de agosto concluye el periodo de adaptación establecido para las empresas. A partir de ahora, productores, fabricantes, importadores y distribuidores deberán cumplir con los nuevos requisitos.
Entre las principales novedades se encuentra la aplicación de criterios comunes en todos los países de la UE, así como medidas para fomentar el rellenado, el reciclaje y los sistemas de envases retornables. También se limitarán los formatos considerados innecesarios o excesivos, incluidos algunos utilizados en el comercio electrónico, además del espacio vacío dentro de los paquetes.
Más exigencias para los envases reciclables
La normativa establece diferentes niveles de reciclabilidad. Los envases serán clasificados en categorías A, B y C según el porcentaje de materiales que puedan reciclarse: desde un mínimo del 70 % en la categoría C hasta al menos un 95 % en la categoría A.
Además, a partir de 2038 solo podrán comercializarse determinados envases que alcancen como mínimo un 80 % de material reciclable, lo que elevará progresivamente las exigencias para la industria.
Las empresas también pagarán tarifas relacionadas con la comercialización de sus envases en función de su grado de reciclabilidad. En términos generales, cuanto más sencillo sea reciclar un envase, menor será su contribución económica.
Otra de las medidas contempla restricciones para determinados recipientes de plástico de un solo uso, incluidos algunos utilizados para frutas y verduras frescas con un peso inferior a 1,5 kilogramos.
Certificación obligatoria
Ningún envase podrá ponerse en el mercado sin una declaración de conformidad de la UE, documento que acreditará que cumple con las disposiciones establecidas por la nueva legislación.
Desde la industria alimentaria se considera que la norma puede acelerar la transformación del sector y favorecer el desarrollo de envases más sostenibles. Sin embargo, las empresas también advierten del elevado coste que implica modificar procesos, desarrollar nuevos materiales y capacitar a sus trabajadores.
Uno de los cambios más relevantes será la implantación de sistemas de depósito, devolución y retorno para determinadas bebidas. Este mecanismo tendrá que convivir con los modelos de gestión de residuos ya existentes, lo que obligará a las compañías a realizar nuevas inversiones y adaptar sus modelos de negocio.
Restricciones a sustancias químicas
La nueva regulación también endurece las condiciones para los envases que están en contacto con alimentos. Desde hoy quedan restringidos aquellos que contengan determinadas concentraciones de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas como PFAS.
La medida afecta, entre otros productos, a vasos de papel con recubrimientos fluorados, cajas para pizza y recipientes destinados a comida para llevar.
El objetivo es limitar la presencia de sustancias consideradas preocupantes y reforzar las condiciones de seguridad de los materiales utilizados en el sector alimentario.
Nuevos requisitos hasta 2040
La adaptación será progresiva y contempla distintos plazos. Para 2028, los envases deberán ofrecer información clara sobre los materiales utilizados y el porcentaje de contenido reciclado. En el caso de los recipientes reutilizables, deberán incorporar mecanismos, como códigos QR u otros sistemas digitales, que indiquen a los consumidores cómo devolverlos.
En los envases destinados a estar en contacto con alimentos también aumentarán las exigencias de contenido plástico reciclado. Para 2030, determinados envases de PET deberán alcanzar un 30 % de material reciclado, mientras que otros productos plásticos tendrán que llegar al 10 %. Estos porcentajes aumentarán posteriormente hasta 2040.
Ese mismo año, 2030, está prevista además la prohibición de determinadas monodosis de plástico de un solo uso en el sector de la hostelería.
La industria alimentaria ha mostrado su compromiso con la transición hacia modelos más sostenibles, aunque reclama que la aplicación de algunas medidas sea gradual y realista. Las empresas consideran que ciertos requisitos presentan dificultades técnicas y requieren periodos suficientes para completar la adaptación.
El nuevo reglamento marca así una nueva etapa para los envases en Europa, con mayor presión sobre las empresas para reducir residuos, mejorar la reciclabilidad y avanzar hacia sistemas de reutilización, al tiempo que los consumidores encontrarán progresivamente nuevos formatos e información en los productos que llegan al mercado.




