Groenlandia sigue siendo una isla de incertidumbre, un reflejo de las tensiones y disputas geopolíticas del siglo XXI. Si bien la idea de Trump de comprarla puede parecer una propuesta excéntrica, la historia y los intereses estratégicos de Estados Unidos revelan una fascinación prolongada por esta isla.
La ambición estadounidense por Groenlandia tiene raíces históricas


En la década de 1860, bajo la presidencia de Andrew Johnson, el Departamento de Estado ya consideraba a Groenlandia como una adquisición estratégica. Décadas después, Harry Truman ofreció 100 millones de dólares por la isla, pero Dinamarca rechazó la propuesta.
El presidente de Estados Unidos dejó claro durante su primer mandato que deseaba comprar Groenlandia. Una idea que ha resucitado recientemente al mencionar que Estados Unidos necesita controlar esta isla estratégica. Pero, ¿qué impulsa esta obsesión? Las respuestas combinan política internacional, intereses estratégicos y recursos naturales.
La ubicación de Groenlandia, entre América del Norte y Europa, la convierte en un punto de conexión esencial en el Atlántico Norte. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos estableció bases militares en la isla, como la famosa Camp Century, que era un emplazamiento potencial para misiles nucleares. Hoy en día, la base de radar en Thule sigue siendo fundamental para la defensa estadounidense, proporcionando vigilancia y prevención frente a misiles provenientes de potencias como Rusia, China o Corea del Norte. En este contexto, el control de Groenlandia fortalecería la presencia militar de Estados Unidos y mejoraría su capacidad para vigilar las actividades de otras potencias en el Ártico.
Los tesoros ocultos bajo el hielo
El atractivo de Groenlandia no se limita solo a su posición estratégica, sino también a los recursos naturales que alberga bajo su capa de hielo. La isla es rica en minerales como rubíes, hierro, aluminio, níquel, platino, cobre y uranio, además de contener grandes depósitos de tierras raras, que son esenciales para la tecnología moderna, desde teléfonos móviles hasta armamento militar. Con el cambio climático acelerando el deshielo, la extracción de estos minerales se vuelve cada vez más viable. Para Trump, Groenlandia representaba no sólo una cuestión de defensa, sino también una valiosa oportunidad económica y tecnológica.
La competencia global y la creciente rivalidad
El interés de Trump por Groenlandia también debe analizarse dentro de la creciente competencia global, especialmente en el Ártico. En los últimos años, Rusia y China han intensificado su presencia en la región, lo que ha generado preocupación en Estados Unidos. Pekín, en particular, ha comenzado a invertir en infraestructura en Groenlandia, buscando acceso tanto a sus recursos naturales como a sus rutas comerciales. En 2018, Estados Unidos intervino para evitar que China financiará la construcción de aeropuertos en la isla, subrayando la importancia estratégica que Washington otorga a Groenlandia en la competencia global. La rivalidad con China, que ha ido en aumento, podría haber sido un factor clave en el renovado interés de Trump por la región.
La respuesta de Dinamarca y Groenlandia


Cuando Trump expresó su deseo de comprar Groenlandia, la reacción de Dinamarca fue contundente: la isla no está a la venta. El gobierno danés, consciente de la importancia geopolítica de la región, ha aumentado significativamente su presupuesto de defensa en Groenlandia, invirtiendo en barcos, drones y aeropuertos militares. Por su parte, los groenlandeses, quienes cuentan con un gobierno semiautónomo, también dejaron claro su rechazo a la propuesta. Mute Egede, primer ministro de Groenlandia, afirmó de manera tajante que “Groenlandia no está a la venta ni nunca lo estará”. Sin embargo, también subrayó la importancia de mantener relaciones comerciales abiertas con otras naciones, incluida Estados Unidos.




