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La última Urbi et Orbi del Papa Francisco: muere el mismo día que bendijo al mundo

Roma, Italia – La última aparición pública del Papa Francisco tuvo lugar este Domingo de Pascua, durante la tradicional bendición Urbi et Orbi, unas horas antes de que se confirmara su fallecimiento, dejando al mundo católico entre la emoción y el desconcierto.

Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro —conocido como el Balcón de las Bendiciones—, el pontífice ofreció la más solemne de las bendiciones de la Iglesia Católica, revestido con ornamentos litúrgicos y acompañado por cardenales y ceremonieros, como dicta la tradición.

La bendición Urbi et Orbi, que en latín significa «a la ciudad [de Roma] y al mundo», se concede únicamente en dos fechas del año: Navidad y Pascua. También es impartida al final de un cónclave, cuando se presenta al nuevo Papa. Su valor espiritual para los fieles es inmenso, ya que otorga indulgencia plenaria bajo condiciones específicas, permitiendo, según la fe católica, la remisión total de las penas del alma.

Este acto litúrgico, que resalta la belleza del patrimonio cristiano y los símbolos más profundos del catolicismo, se convierte ahora en un legado final del Papa Francisco. Su imagen serena, impartiendo la bendición ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro y millones de creyentes conectados por televisión e internet, queda grabada como un símbolo de fe y esperanza en uno de los momentos más sagrados del calendario cristiano.

Las palabras del Papa, pronunciadas con una calma inusual, resonaron con fuerza simbólica tras conocerse su fallecimiento: “Que la bendición del Dios omnipotente, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y permanezca siempre.”
Amén.

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