Lo ocurrido recientemente en las instalaciones del Centro Cultural de España en Santo Domingo no es un simple incidente cultural. Es un agravio directo a los símbolos patrios y, por ende, a la dignidad nacional. La presentación de una versión alterada del Himno Nacional con fines ideológicos —en este caso, una adaptación de corte lésbico— vulnera el marco legal dominicano, la solemnidad de nuestra historia y el sentimiento de unidad que el himno representa.
No se trata de un debate sobre diversidad o inclusión. Se trata de la defensa de un símbolo patrio protegido por la Constitución y por leyes específicas, cuyo respeto no admite reinterpretaciones caprichosas ni alteraciones con fines de activismo.
Los artículos violentados son claros y contundentes:
- Constitución de la República Dominicana
- Artículo 8: Garantiza la protección efectiva de los derechos y el respeto al ordenamiento jurídico.
- Artículo 31: Reconoce los símbolos patrios y su uso obligatorio en las condiciones establecidas por la ley.
- Artículo 33: Dispone el respeto y la veneración de los símbolos nacionales.
- Artículo 39: Establece la igualdad ante la ley, lo que incluye el respeto a los elementos que representan a toda la nación, sin discriminación ni apropiación indebida.
- Artículo 75, numeral 12: Deber de respetar y honrar los símbolos patrios.
- Ley 210-19 sobre Símbolos Patrios
- Prohíbe modificar, distorsionar o usar de forma irrespetuosa el Himno Nacional.
- Tipifica sanciones para quienes alteren su letra, música o significado.
Frente a este hecho, varias instituciones y figuras públicas han reaccionado.
El Ministerio de Cultura ha sido interpelado para que se pronuncie sobre la responsabilidad de un centro extranjero que opera en territorio dominicano. Juristas y colectivos cívicos han citado la violación de la Ley 210-19 y han solicitado al Ministerio Público iniciar una investigación. Además, organizaciones patrióticas han pedido al Ministerio de Relaciones Exteriores evaluar la pertinencia de exigir una disculpa formal a través de canales diplomáticos.
El Centro Cultural de España, por su parte, mantiene silencio, lo que agrava la percepción de indiferencia frente a un hecho que ha generado indignación en la ciudadanía. Esta falta de respuesta no solo debilita la relación con la comunidad cultural dominicana, sino que transmite el mensaje equivocado: que la identidad de un pueblo puede ser intervenida con impunidad.
El arte es libre, pero la libertad artística no es un cheque en blanco para transgredir la ley ni para atropellar símbolos que nos pertenecen a todos. El Himno Nacional no es un lienzo en blanco donde cada quien plasma sus caprichos ideológicos. Es el pacto sonoro que nos recuerda quiénes somos y qué defendemos. En este caso, la libertad de expresión tiene un límite: el respeto al marco jurídico y a la memoria histórica que el Himno Nacional encarna.
Como nación, debemos exigir que el Centro Cultural de España emita una disculpa pública o, en su defecto, una aclaratoria contundente sobre su rol en este evento. Asimismo, que los organismos competentes actúen con firmeza para que este precedente no abra la puerta a nuevas faltas de respeto a nuestros símbolos. Este mutismo diplomático no es prudencia: es una falta de respeto.
El Himno Nacional no es una canción más. Es un pacto sonoro de unidad, un recordatorio de la sangre derramada por la independencia, y un compromiso colectivo que no admite ediciones ideológicas. Si hoy permitimos que lo mutilen en nombre del “arte”, mañana quizá aceptemos que lo reescriban para borrar nuestra historia. Y eso, como dominicanos, no lo podemos permitir.
Aquí no hay debate cultural: hay un delito. Y los delitos se persiguen.




