El uso de camas de bronceado incrementa de forma notable el riesgo de desarrollar melanoma, el cáncer de piel más letal, según un estudio publicado en la revista Science y realizado por investigadores de la Universidad Northwestern y la Universidad de California en San Francisco.
El melanoma provoca alrededor de 11,000 muertes al año en Estados Unidos, y durante años se ha advertido sobre su posible relación con las camas de bronceado. Sin embargo, hasta ahora no se habían identificado con claridad los mecanismos biológicos que explicaran este vínculo, argumento que ha sido utilizado por centros de bronceado para sostener que sus riesgos no difieren de la exposición al sol.
La investigación refuta esa afirmación al identificar mutaciones del ADN en la piel normal de personas que utilizaron camas de bronceado, directamente asociadas con el desarrollo de melanoma. “Encontramos mutaciones del ADN en la piel normal de usuarios de camas de bronceado que están relacionadas con el desarrollo de melanoma. Es algo que nunca antes se había demostrado”, explicó Pedram Gerami, profesor de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern y especialista en cáncer de piel.
Gerami, quien ha tratado pacientes con melanoma durante más de 20 años, señaló haber observado un patrón recurrente: mujeres menores de 50 años con antecedentes de melanomas múltiples que habían utilizado camas de bronceado en el pasado.
Para el estudio, los investigadores compararon 2,932 personas con historial de uso de máquinas de bronceado y 2,925 personas del mismo grupo de edad que nunca las habían utilizado. Los resultados mostraron que el 5.1% de los usuarios había sido diagnosticado con melanoma, frente al 2.1% de quienes no recurrieron a estos dispositivos. Tras ajustar variables como edad, sexo, experiencia de bronceado y antecedentes familiares, el riesgo de melanoma resultó 2.85 veces mayor en quienes usaron camas de bronceado.
Otro hallazgo relevante fue la localización del melanoma. En el 76.1% de los usuarios de camas de bronceado, el cáncer apareció en zonas como el torso y los muslos, áreas que normalmente permanecen cubiertas y reciben menos exposición solar. En contraste, este patrón se observó en el 61.2% de los pacientes que nunca utilizaron estas máquinas.
El estudio también evidenció que los usuarios de camas de bronceado tenían mayor probabilidad de desarrollar melanomas múltiples, un comportamiento similar al observado en casos de melanoma hereditario. Para profundizar en este fenómeno, los investigadores analizaron 182 melanocitos —células productoras de melanina— obtenidos de 11 pacientes con uso prolongado de camas de bronceado, nueve pacientes sin ese antecedente y seis donantes.
Las muestras revelaron que las células de la piel de los usuarios de camas de bronceado presentaban casi el doble de variantes genéticas en comparación con el grupo de control. Las diferencias fueron especialmente notorias en la zona lumbar, generalmente menos expuesta al sol. Los científicos atribuyen este efecto a que las camas de bronceado irradian grandes áreas del cuerpo con radiación ultravioleta intensa, favoreciendo la acumulación de mutaciones en regiones habitualmente protegidas.
Además, el 23% de las células de los usuarios de estas máquinas presentaba mutaciones patógenas capaces de desencadenar melanoma, frente al 7.3% en el grupo de control. Muchas de estas alteraciones afectaban genes vinculados a la regulación del crecimiento celular, lo que refuerza su potencial cancerígeno.
Finalmente, el informe recuerda que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que algunos estudios analizan los posibles efectos adversos del etanol, principalmente por inhalación, aunque aclara que no existe evidencia concluyente que relacione el uso de esta sustancia como desinfectante con el cáncer.




