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Luis Miura

Un liderazgo de lujo necesita un equipo a su altura

Un liderazgo de lujo necesita un equipo a su altura

La República Dominicana cuenta hoy con un presidente y una vicepresidenta de lujo. Dos servidores públicos que han demostrado, con hechos más que con discursos, que el ejercicio del poder no es un privilegio sino un sacrificio. Han puesto de lado horas de descanso, vida familiar, hobbies, proyectos personales y empresariales para asumir la responsabilidad histórica de transformar y encauzar nuestro país hacia un futuro promisorio, con una economía fuerte, dinámica y propia de una nación de ingresos medios en consolidación.

Sin embargo, por más sólida que sea la voluntad del liderazgo, el destino de un país no se construye en solitario. Las metas, la visión y los deseos del Poder Ejecutivo requieren algo más que compromiso individual: necesitan un equipo fuerte, cohesionado y alineado. Un círculo de asesores y tomadores de decisiones que sea capaz de anteponer el interés nacional por encima de agendas sectoriales, personales o coyunturales. Donde el bien común sea el único norte y la coherencia el principal método de trabajo.

No se trata de falta de talento. En la República Dominicana sobra gente preparada, honesta, con deseos genuinos de superación y de aportar al bienestar colectivo. El verdadero desafío es que ese capital humano llegue al círculo íntimo de consulta y decisión, allí donde se trazan las rutas estratégicas del país.

En el relanzamiento del gobierno, como lo expresó el propio presidente al anunciar el primer decreto de cambios de este 2026, debe permear un espíritu renovador que combine juventud con sabiduría, experiencia con visión de futuro, y acción con sentido de justicia y equidad. Porque de buenas intenciones está lleno el camino hacia el desarrollo, pero lo que realmente se necesita son piernas fuertes: equipos que no se cansen, que no se desvíen y que avancen con determinación hacia la meta fijada.

Hoy más que nunca, el país necesita abrazar una meta clara, recorrer un solo camino y actuar como un solo equipo. Un engranaje preciso, disciplinado y sincronizado, semejante a una máquina tan exacta como un reloj suizo.

Así, y solo así, podremos transformar las aspiraciones colectivas en realidades concretas. Construir un país más justo, competitivo y próspero no es una consigna, es una tarea diaria que exige coherencia, disciplina y compromiso. Ese es el país que muchos anuncian, pero que solo se alcanza con trabajo serio, visión compartida y un equipo que avance unido. Ese es, sin duda, el país que todos deseamos y que es posible.
Por: Luis miura hijo

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