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Cairo Arévalo

República Dominicana como nodo digital soberano: de infraestructura a inteligencia exportable

República Dominicana como nodo digital soberano: de infraestructura a inteligencia exportable

La firma del Decreto 113-26 por parte del presidente Luis Abinader no es una decisión aislada de política pública. Es una señal estratégica de reposicionamiento económico. Declarar de alta prioridad nacional los puertos de intercambio digital (IXP) y los sistemas de cables submarinos implica reconocer que, en la economía actual, la infraestructura crítica no son solo carreteras, puertos marítimos o zonas francas, sino también las autopistas invisibles por donde fluye la inteligencia.

Este movimiento redefine el rol de la República Dominicana en el mapa global. No se trata únicamente de mejorar la conectividad; se trata de capturar valor en la cadena de producción digital. En un mundo donde la inteligencia artificial, los datos y los servicios digitales son los principales generadores de riqueza, quien controla la infraestructura de intercambio de datos tiene una ventaja estructural que se acumula en el tiempo.

De conectividad a soberanía digital

Un puerto de intercambio digital no es solo un nodo técnico. Es un punto de control estratégico. Permite que el tráfico de datos se enrute localmente, reduce la latencia, disminuye costos y, más importante aún, crea condiciones para que los servicios digitales se desarrollen dentro del territorio.

Esto cambia la ecuación para startups, empresas tecnológicas y el propio Estado. La capacidad de entrenar modelos de inteligencia artificial, operar plataformas digitales o escalar servicios SaaS ya no depende exclusivamente de infraestructura externa. Se comienza a construir soberanía tecnológica.

El planteamiento del decreto es claro: posicionar al país como hub regional de inteligencia artificial. Pero ese objetivo solo es alcanzable si se entiende que la infraestructura es el primer layer de un sistema mucho más amplio que incluye talento, capital, regulación y mercado.

Lo que ya vimos en el mundo

Este tipo de decisiones no son nuevas, pero sí son consistentes en sus resultados. Cuando los países invierten en infraestructura digital estratégica, los efectos trascienden el sector tecnológico y transforman toda la economía.

En Arabia Saudita, por ejemplo, la implementación de una región de cloud en Dammam por parte de Google Cloud no solo redujo la latencia y mejoró el acceso a servicios digitales. Se proyecta que aportará más de $100 mil millones al PIB hacia 2030, impulsando la productividad y permitiendo que miles de startups y PYMES operen sin necesidad de invertir en infraestructura propia.

Aquí hay un patrón claro: cuando reduces el costo de acceso a tecnología avanzada, multiplicas la capacidad de innovación.

En África, con los cables submarinos Equiano y Umoja impulsados por Google, el impacto fue aún más estructural. La reducción de costos de internet entre 20% y 40%, junto con mejoras significativas en resiliencia de red, permitió la expansión de servicios financieros digitales, educación online y comercio electrónico. Más de 100 millones de nuevos usuarios se integraron a la economía digital.

En México, el desarrollo de puntos de intercambio de internet (IXP) tras reformas en telecomunicaciones generó una reducción sustancial en latencia y costos de banda ancha, habilitando el crecimiento de startups tecnológicas y posicionando la economía digital como un componente relevante del PIB.

Estos casos comparten una misma lógica: la infraestructura digital no es un gasto, es un multiplicador económico.

El cambio de paradigma económico

Lo que estamos viendo es un cambio de paradigma. Durante décadas, el crecimiento económico de muchos países —incluida la República Dominicana— ha estado anclado en activos físicos: turismo, manufactura, zonas francas. Este modelo ha sido exitoso, pero tiene límites claros.

El riesgo es caer en lo que algunos marcos estratégicos llaman la “trampa de activos duros”: construir infraestructura física mientras el valor real —la propiedad intelectual, los datos, los modelos— se genera y captura fuera del país.

El Decreto 113-26 es una respuesta directa a ese riesgo.

Al fortalecer la infraestructura digital, se crea la base para que el valor intangible se origine y permanezca en la jurisdicción local. Esto abre la puerta a una economía donde la exportación no es solo de bienes o servicios tradicionales, sino de inteligencia.

Impacto en startups y MIPYMES

Para el ecosistema emprendedor, este tipo de infraestructura cambia completamente las reglas del juego.

Primero, reduce barreras de entrada. Startups que antes enfrentaban altos costos de infraestructura ahora pueden operar sobre plataformas cloud de forma eficiente. Esto permite que más equipos se enfoquen en producto, mercado y escalabilidad.

Segundo, mejora la competitividad. Menor latencia y mejores servicios digitales significan productos más rápidos, más confiables y con mejor experiencia de usuario, lo cual es clave para competir en mercados internacionales.

Tercero, habilita nuevos modelos de negocio. Sectores como fintech, logística, inteligencia artificial aplicada y comercio digital dependen directamente de infraestructura robusta. Sin ella, simplemente no escalan.

En términos prácticos, esto puede traducirse en:

  • Reducción de costos operativos entre 20% y 40%
  • Incremento de productividad en rangos de 15% a 25%
  • Mayor acceso a mercados globales desde etapas tempranas

El puente hacia el venture capital

Hay un elemento que suele pasarse por alto: la relación entre infraestructura digital y capital de riesgo.

El venture capital no invierte solo en ideas; invierte en entornos donde esas ideas pueden escalar. Cuando un país mejora su infraestructura digital, reduce el riesgo percibido por los inversionistas.

Esto tiene dos efectos inmediatos:

  1. Aumenta la cantidad de startups invertibles
  2. Mejora la calidad de los deal flows

En otras palabras, más proyectos alcanzan niveles de madurez que justifican inversión, y lo hacen más rápido.

Para un ecosistema como el dominicano, esto es crítico. Históricamente, uno de los principales cuellos de botella ha sido el “valley of death” entre validación y escalamiento. Infraestructura como IXPs y cables submarinos ayuda a cerrar esa brecha al reducir costos y acelerar tracción.

Riesgos y realidades

Sin embargo, esta transformación no es automática. Existen riesgos reales que deben ser gestionados.

El primero es la dependencia tecnológica. Muchos de estos desarrollos están vinculados a grandes proveedores globales, lo que puede generar dinámicas de “vendor lock-in”.

El segundo es la brecha de talento. No basta con tener infraestructura; se necesita capital humano capaz de utilizarla. Países que han tenido éxito en este tipo de transiciones han invertido agresivamente en formación de talento digital.

El tercero es la regulación. Temas como soberanía de datos, ciberseguridad y competencia en telecomunicaciones serán cada vez más relevantes.

La oportunidad dominicana

A pesar de estos retos, la oportunidad es clara.

La República Dominicana tiene ventajas estructurales únicas:

  • Ubicación geográfica estratégica entre Norte, Centro y Suramérica
  • Infraestructura logística ya desarrollada
  • Experiencia en zonas francas y exportación
  • Creciente ecosistema emprendedor

La incorporación de infraestructura digital avanzada puede convertir al país en un hub regional no solo de manufactura, sino de servicios digitales y desarrollo de inteligencia artificial.

Esto implica una evolución del modelo económico: de nearshoring industrial a nearshoring digital.

De infraestructura a sistema

El verdadero impacto del Decreto 113-26 no está en los cables o los puntos de intercambio en sí mismos. Está en lo que habilitan.

Si se integran correctamente con políticas de innovación, programas de aceleración, acceso a financiamiento y atracción de talento, estos activos pueden convertirse en la base de un nuevo sistema económico.

Un sistema donde:

  • Las startups nacen globales desde el día uno
  • La propiedad intelectual se retiene localmente
  • El capital encuentra oportunidades estructuradas
  • El Estado actúa como habilitador, no solo como regulador

Las decisiones de infraestructura son, en esencia, decisiones sobre el futuro.

Lo que estamos viendo es el inicio de una transición: de una economía basada en activos físicos a una economía basada en inteligencia. Los países que entienden esto temprano no solo crecen más rápido; redefinen su posición en el sistema global.

La República Dominicana está dando un paso en esa dirección.

Ahora el reto no es construir cables o nodos. Es construir el ecosistema que les dé sentido.

Cairo Arévalo: Gerente de Innovación PROMIPYME, destaca sectores clave  durante apertura de Emprende Lab 2025

Cairo Arévalo lidera la unidad de Innovación y Proyectos Especiales en PROMIPYME, posee más de 15 años de experiencia internacional diversa. Es arquitecto de ecosistemas de innovación: ayuda a gobiernos y organizaciones a estructurar programas, alianzas y modelos de aceleración que convierten talento local en empresas escalables y economías más competitivas. Creador de los ecosistemas de innovación EmprendeLab e I+D Lab. Cairo también ha asesorado empresas en el sector Web3 y Fintech. Co-fundó Bullish Labs, una compañía de desarrollo de negocios y marketing. Cairo escribe sobre innovación, aceleración y las dinámicas de poder entre startups, fondos de inversión e inversionistas ángeles en su newsletter: MVP | Max Venture Power – https://mvpower.beehiiv.com

 

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