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Isabel Puig

Sin diálogo no hay política pública efectiva: el caso de las MIPYMES en República Dominicana

Sin diálogo no hay política pública efectiva: el caso de las MIPYMES en República Dominicana

En un contexto global marcado por la incertidumbre económica, tensiones geopolíticas y transformaciones aceleradas en los mercados, la formulación de políticas públicas no puede seguir siendo un ejercicio unilateral. Hoy más que nunca, el diálogo entre el sector público y el sector privado se posiciona como un pilar fundamental para construir soluciones sostenibles, inclusivas y efectivas.

En la República Dominicana, las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) representan más del 98% del tejido empresarial, constituyendo el motor real de la economía nacional. Sin embargo, con frecuencia, estas unidades productivas enfrentan marcos regulatorios diseñados sin una consulta adecuada, lo que genera distorsiones, sobrecostos y, en muchos casos, impactos negativos en su competitividad y sostenibilidad.

El diálogo público-privado no debe entenderse como un simple ejercicio protocolar o un espacio de validación posterior a la toma de decisiones. Por el contrario, debe ser concebido como un mecanismo estructural, permanente y vinculante dentro del proceso de formulación de políticas públicas. Cuando este diálogo es genuino, permite identificar riesgos, anticipar impactos y construir consensos que fortalecen la legitimidad de las decisiones gubernamentales.

La experiencia reciente en el país ha evidenciado tanto avances como desafíos en este ámbito. Se han creado espacios de conversación y concertación entre actores clave, lo cual es positivo. Sin embargo, aún persisten brechas importantes en términos de inclusión, representatividad y, sobre todo, en la capacidad de incidencia real de estos espacios en la toma de decisiones finales.

El caso de regulaciones con alto impacto económico, como aquellas vinculadas a la gestión de residuos sólidos o a los sistemas de compras públicas, pone en evidencia la necesidad de fortalecer estos mecanismos de diálogo. Las políticas que no incorporan la realidad operativa de las MIPYMES tienden a generar cargas desproporcionadas, afectando no solo a las empresas, sino también al consumidor final y al equilibrio del mercado.

Por ello, resulta impostergable avanzar hacia un modelo de gobernanza más participativo, donde el diálogo no sea una excepción, sino la norma. Esto implica institucionalizar espacios de consulta temprana, garantizar la participación efectiva de los gremios representativos y establecer mecanismos claros de retroalimentación que aseguren que las propuestas del sector productivo sean debidamente consideradas.

Asimismo, es necesario promover una cultura de corresponsabilidad, donde tanto el Estado como el sector privado asuman un rol activo en la construcción de soluciones. Las MIPYMES no solo deben ser vistas como sujetos de regulación, sino como aliados estratégicos en el desarrollo económico, la generación de empleo y la cohesión social.

Sin diálogo, las políticas públicas corren el riesgo de ser ineficientes, desconectadas de la realidad y, en última instancia, insostenibles. Con diálogo, en cambio, se abren oportunidades para construir un entorno más competitivo, equitativo y resiliente.

La República Dominicana tiene ante sí la oportunidad de consolidar un modelo de desarrollo basado en la concertación, la inclusión y la inteligencia colectiva. Apostar por el diálogo público-privado no es solo una buena práctica: es una necesidad estratégica para el presente y el futuro del país.

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