La venta de la Colección Gelman, considerada uno de los conjuntos más valiosos del arte mexicano del siglo XX, ha desatado un escándalo internacional que involucra al curador neoyorquino Robert Littman, esposo del diseñador dominicano Sully Bonnelly, y a la familia empresarial Zambrano de Monterrey.
Venta millonaria y polémica
En 2023, Littman concretó la venta de las obras —valoradas en más de 350 millones de dólares— a los Zambrano, quienes posteriormente las usaron como garantía de un préstamo de 150 millones de dólares con Banco Santander. La operación se realizó de manera discreta y generó indignación en México, ya que el testamento de Natasha Gelman estipulaba que la colección debía permanecer unida y exhibida en un museo público.
Reacciones en México
Más de 400 artistas, curadores e historiadores firmaron una carta abierta dirigida al gobierno de Claudia Sheinbaum, solicitando impedir la salida definitiva de las piezas. La polémica se intensificó cuando Santander anunció que la colección sería rebautizada como Colección Gelman-Santander y exhibida en España, aunque prometió que regresará a México en 2028.
Antecedentes judiciales
La herencia de Natasha Gelman fue objeto de litigios durante más de una década en tribunales de Estados Unidos, México y Europa. Littman fue acusado de ejercer influencia indebida sobre Gelman en sus últimos años, cuando padecía Alzheimer, pero la mayoría de los fallos lo favorecieron, consolidándolo como heredero legítimo.
Obras emblemáticas
Entre las piezas más destacadas figuran Diego en mi mente y Autorretrato con collar de Frida Kahlo, además del retrato de Natasha Gelman rodeada de calas pintado por Diego Rivera en 1943. Estas obras han sido exhibidas en museos de Nueva York, París y Ciudad de México, consolidando la colección como un referente del arte latinoamericano.
Debate cultural y financiero
El caso expone la tensión entre intereses privados, financieros y la preservación del patrimonio cultural. Para especialistas, la venta contradice el espíritu del legado Gelman y representa un precedente peligroso sobre cómo se gestionan colecciones de valor histórico.




