El exalcalde de Mánchester Andy Burnham confirmó este lunes que competirá por el liderazgo del Partido Laborista y por convertirse en el próximo primer ministro del Reino Unido, luego de la dimisión de Keir Starmer.
Burnham informó su decisión a través de su cuenta de X, donde señaló que la renuncia de Starmer abre una etapa de transición que debe desarrollarse con responsabilidad y estabilidad. El político laborista destacó la labor de su antecesor y agradeció su servicio al país durante un periodo marcado por importantes desafíos.
«El país necesita estabilidad, seriedad y mantener la atención en los temas que realmente importan», afirmó Burnham, quien anteriormente ocupó cargos ministeriales en gobiernos laboristas. También aseguró que su objetivo será unir al partido y trabajar para recuperar la confianza de los ciudadanos.
El dirigente pudo regresar a la Cámara de los Comunes tras ganar el pasado 18 de junio el escaño por la circunscripción de Makerfield, una oportunidad que le permitió volver al Parlamento y aspirar formalmente al liderazgo laborista.
Wes Streeting retira su candidatura y respalda a Burnham
El exministro británico de Sanidad Wes Streeting, quien había mostrado interés en competir por la dirección del partido, anunció su apoyo a Burnham. En una carta pública aseguró que el exalcalde de Mánchester representa una opción capaz de fortalecer al laborismo frente al avance de fuerzas populistas como Reform UK.
Con este respaldo, Burnham se perfila como el principal favorito para asumir el control del Partido Laborista. Si finalmente solo queda un candidato, no sería necesario realizar unas elecciones internas y el proceso podría quedar definido antes de septiembre.
Los aspirantes al liderazgo deben conseguir el respaldo de al menos el 20 % del grupo parlamentario laborista, equivalente a 81 diputados, además del apoyo de organizaciones afiliadas al partido. Burnham afirmó contar con los apoyos suficientes y se estima que ya tendría el respaldo de más de 200 parlamentarios.
La carrera por suceder a Starmer inicia así una nueva etapa dentro del laborismo británico, con Burnham como la figura que concentra mayores posibilidades de asumir la dirección del partido y del Gobierno del Reino Unido.




