El Salvador. Cientos de familias salvadoreñas continúan habitando edificios con graves daños estructurales, a pesar de que varias de estas construcciones han sido declaradas inhabitables debido al peligro de derrumbe. La falta de recursos económicos y de alternativas de vivienda accesible obliga a muchos residentes a permanecer en lugares donde su seguridad está constantemente amenazada.
De acuerdo con registros de la Oficina de Planificación del Área Metropolitana de San Salvador (Opamss), alrededor de 50 edificios en la capital presentan daños severos y la mayoría han sido clasificados con bandera roja, una categoría que indica que las estructuras representan un alto riesgo y no deberían ser ocupadas.
Los principales daños en estas edificaciones fueron provocados por los terremotos de 1986 y los sismos de 2001, eventos que dejaron miles de víctimas y afectaron gran parte de la infraestructura del país. Con el paso de los años, el deterioro de los materiales y la falta de reparaciones han aumentado la vulnerabilidad de estos inmuebles.
Entre los edificios afectados se encuentran los condominios Regis y la Residencial Modelo, construcciones con más de cuatro décadas de antigüedad ubicadas en zonas populares de San Salvador. En estos lugares, algunas familias siguen viviendo pese a conocer los riesgos que enfrentan ante un nuevo movimiento telúrico.
Maritza, una de las habitantes de los condominios Regis, asegura que ha buscado adaptar su apartamento para tener mayor seguridad, incluso habilitando una salida de emergencia. Sin embargo, afirma que abandonar el lugar no es una opción debido a sus limitaciones económicas.
“Lo que queremos es una vivienda digna que podamos pagar, pero nadie nos escucha. Vienen a hacer inspecciones, pero no pasa nada”, expresó la residente, quien lleva 25 años viviendo en el edificio.
La mujer paga un alquiler mensual de 50 dólares y reconoce el peligro de permanecer en una estructura señalada como inhabitable. Aun así, mantiene la esperanza de continuar allí mientras no encuentre otra alternativa.
“Estos edificios están con bandera roja, pero yo soy pobrecita y no tengo a nadie”, comentó.
Vivienda nueva, pero fuera del alcance de muchos
Aunque en El Salvador han aumentado los proyectos de edificios residenciales modernos, estos desarrollos están dirigidos principalmente a sectores con mayor capacidad económica, dejando fuera a muchas familias de bajos ingresos.
El arquitecto Manuel Peña señaló que el crecimiento habitacional vertical no representa una solución para la mayoría de la población, debido a los altos costos y las dificultades para acceder a créditos de vivienda.
Según el especialista, las familias que permanecen en edificios deteriorados lo hacen por la falta de opciones económicas, ya que conseguir una vivienda segura y accesible continúa siendo un desafío para numerosos salvadoreños.
Peña advirtió que los inmuebles afectados no solo presentan problemas por su antiguo diseño antisísmico, sino también por el desgaste de los materiales y el deterioro urbano, factores que aumentan la posibilidad de un colapso.
Mientras las autoridades analizan soluciones, cientos de familias siguen enfrentando una difícil realidad: vivir bajo la amenaza de un derrumbe, pero sin contar con otra alternativa para construir un hogar seguro.




