El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró este jueves que el paquete de 176 reformas para liberalizar y descentralizar la economía de la isla, considerado la mayor transformación en décadas, no se adopta “para complacer a Estados Unidos”.
Sesión parlamentaria
Las declaraciones se produjeron durante el segundo y último día de la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), en la que se analizó la implementación de las reformas al sistema de economía de planificación central de corte socialista. “Las transformaciones no se adoptan para complacer a Estados Unidos, no responden a ningún tipo de exigencia derivado de un limitado proceso de conversaciones que hemos llevado a cabo en este período, son el fruto de una decisión soberana de Cuba”, afirmó el mandatario.
Prioridad estratégica
Díaz-Canel calificó las reformas como una “prioridad estratégica para la nación”, necesarias ante la grave crisis que atraviesa el país, agravada por el bloqueo petrolero y las sanciones de Washington. El presidente trató de calmar los recelos internos asegurando que las medidas no traerán el capitalismo a la isla, sino que servirán para “avanzar en la construcción socialista”.
Garantías sociales
El jefe de Estado subrayó que las reformas no comprometerán la independencia, la soberanía ni las conquistas sociales de la revolución. Descartó que se privatice la salud pública, la educación, la ciencia, la investigación o los servicios estratégicos. El Partido Comunista de Cuba (PCC), único legal, seguirá teniendo un papel prioritario en el país.
Riesgos y preocupaciones
Díaz-Canel reconoció que la aplicación de las transformaciones no está exenta de riesgos, por lo que pidió una implementación gradual. Admitió que las preocupaciones de algunos sectores son legítimas, desde el peligro de acumulación de capital hasta la eliminación de servicios básicos, la falta de transparencia y el aumento de la desigualdad.
Escenario desafiante
El presidente describió el contexto como “especialmente complejo y desafiante”, con la política de máxima presión de Washington agravando la crisis que arrastra Cuba desde 2020. Denunció que las sanciones han provocado apagones por falta de combustible y miles de contenedores varados en puertos extranjeros por temor a represalias. “Estamos asistiendo a la presión más extensa y profunda de un país por parte de la mayor potencia del planeta”, afirmó.
Críticas a EE.UU.
Díaz-Canel acusó al “régimen neofascista instalado en Washington” y a sus “aprendices de Führer” de actuar con “perversidad, cinismo y extrema crueldad”, provocando un “genocidio contra el pueblo de Cuba”. Agregó que el “imperio despiadado” busca con las sanciones y el “asedio petrolero” provocar la “asfixia colectiva” y un “estallido social” en la isla.
Relación bilateral
El mandatario reiteró que Cuba es un país de paz y que mantiene disposición a una relación civilizada con Estados Unidos, pero subrayó que “no es una nación en disputa ni una colonia”.




