Haití recibió este sábado 22 de agosto de 2026 el primer grupo de deportados desde Estados Unidos, tras el fin del Estatus de Protección Temporal (TPS), medida que afectó a más de 300,000 haitianos que residían en territorio estadounidense bajo esa condición migratoria.
De acuerdo con reportes oficiales, un vuelo chárter del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) trasladó a más de 150 personas hasta el aeropuerto de Cabo Haitiano, en el norte del país. La terminal de Puerto Príncipe permanece cerrada debido al control de las bandas armadas, lo que obligó a utilizar instalaciones alternativas.
Crisis humanitaria y seguridad
El retorno ocurre en medio de una grave crisis de violencia y hambre. La ONU ha advertido que las bandas armadas dominan cerca del 90 % de la capital haitiana, provocando desplazamientos masivos, miles de muertes y un aumento alarmante de agresiones sexuales.
El experto en derechos humanos de Naciones Unidas, William O’Neill, calificó las deportaciones como “contrarias al derecho internacional y moralmente inaceptables”, al considerar que Haití no ofrece condiciones mínimas de seguridad para recibir retornados.
Los deportados recibieron apenas una ayuda inicial en efectivo y alimentos básicos para intentar llegar a sus comunidades, muchas de ellas bajo control de grupos armados.
Perspectivas y críticas internacionales
La administración estadounidense planea aumentar la frecuencia de vuelos a dos por semana, lo que supondría el retorno de unos 250 haitianos cada siete días. Entre los deportados figuran exbeneficiarios del TPS, personas con antecedentes penales y haitianos nacidos en otros países como República Dominicana y Chile, enviados por tener padres haitianos.
Organizaciones de derechos humanos y congresistas estadounidenses habían solicitado detener las deportaciones, argumentando que exponen a los retornados a un riesgo inmediato de violencia y hambre.
El Banco Central de Haití y organismos internacionales han advertido que el país enfrenta una situación de colapso institucional, con una economía paralizada y una crisis social que se agrava con la llegada de más ciudadanos en condiciones de vulnerabilidad.




