EE.UU. — A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el Memorial Nacional del Vuelo 93 mantiene vivo el recuerdo de las 40 personas que murieron tras enfrentarse a los terroristas que habían secuestrado el avión con la intención de utilizarlo como arma.
El Boeing 757 de United Airlines había despegado con retraso desde Newark, Nueva Jersey, rumbo a San Francisco. Sin embargo, cerca de 46 minutos después del inicio del viaje, cuatro integrantes de Al Qaeda tomaron el control de la aeronave y asesinaron, según las investigaciones, a los pilotos.
A diferencia de los otros tres aviones secuestrados aquel día, los pasajeros del vuelo 93 tuvieron la oportunidad de conocer lo que estaba ocurriendo en tierra. A través de llamadas telefónicas a familiares y servicios de emergencia, varios de ellos supieron de los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono.
En total, 13 pasajeros realizaron 37 llamadas, mediante las cuales pudieron conocer la magnitud de la emergencia. Al comprender que su avión también sería utilizado para cometer otro atentado, un grupo de viajeros decidió actuar.
Los pasajeros se organizaron y resolvieron intentar recuperar el control de la aeronave. Las grabaciones de la cabina de mando y las comunicaciones realizadas desde el avión permitieron reconstruir los últimos minutos del vuelo, cuando los viajeros intentaron irrumpir en la cabina.
La resistencia provocó que los secuestradores perdieran el control del aparato. Finalmente, a las 10:03 de la mañana, el avión se estrelló en un campo cercano a Shanksville, Pensilvania, aproximadamente 200 kilómetros de Washington.
El impacto ocurrió unos 18 minutos antes de que el avión pudiera llegar a la capital estadounidense, considerada el destino más probable del ataque. Aunque las 40 personas a bordo perdieron la vida, su intervención impidió que el vuelo alcanzara su objetivo y pudo evitar una tragedia aún mayor.
El vuelo 93 fue el único de los cuatro aviones secuestrados durante los atentados del 11S que no llegó al blanco previsto. Los ataques de aquel día dejaron 2.977 víctimas mortales, sin incluir a los 19 terroristas responsables de los secuestros.
Un lugar para preservar la memoria
Actualmente, el Memorial Nacional del Vuelo 93, ubicado cerca de Shanksville, rinde homenaje a las víctimas y recuerda la decisión de los pasajeros de enfrentarse a los secuestradores.
El recinto cuenta con exhibiciones, un museo, un muro con los nombres de las 40 víctimas y la llamada Torre de las Voces, uno de los principales símbolos del lugar.
Stephen Clark, encargado de supervisar el parque nacional, considera que la reacción de los pasajeros representó uno de los primeros actos de resistencia frente al terrorismo ocurrido ese día en Estados Unidos.
A 25 años de los atentados, el memorial también busca transmitir estos acontecimientos a las nuevas generaciones, especialmente a quienes nacieron después del 11 de septiembre de 2001 o eran demasiado pequeños para recordar lo sucedido.
Preservar la historia del vuelo 93, señala Clark, es una manera de honrar a quienes perdieron la vida y de mantener presente el sacrificio de aquellas personas que, en sus últimos minutos, decidieron actuar para impedir que otras vidas fueran destruidas.




