Lima, Perú. La civilización Caral, considerada una de las más antiguas de América, desarrolló hace aproximadamente 5.000 años avanzados conocimientos y técnicas para aprovechar los recursos naturales, adaptarse a las condiciones del territorio y establecer vínculos comerciales y culturales con otras poblaciones, informó el Ministerio de Cultura de Perú.
La arqueóloga Ruth Shady, directora de la Zona Arqueológica Caral, explicó que las investigaciones realizadas durante 32 años en los 12 centros urbanos del yacimiento han permitido conocer cómo sus habitantes organizaron sus actividades y convivieron con la naturaleza, aprovechando la diversidad de los ecosistemas.
Ubicada a unos 185 kilómetros al norte de Lima, cerca de la costa peruana, esta antigua sociedad combinó los productos agrícolas de los valles con los recursos marinos del litoral. Asimismo, desarrolló métodos para administrar el agua y organizar la producción de acuerdo con los ciclos naturales.
Entre sus principales avances tecnológicos destacan las shicras, bolsas fabricadas con fibras vegetales y rellenas de piedras, empleadas en la construcción de plataformas y edificios. Según Shady, estudios experimentales indican que este sistema contribuía a disminuir los daños ocasionados por los movimientos sísmicos, demostrando la capacidad de sus pobladores para responder a las características del terreno.
La planificación de grandes edificaciones públicas, plazas circulares y complejos residenciales también refleja el nivel de organización y cooperación alcanzado por esta civilización. Además, la orientación de algunas estructuras evidencia conocimientos relacionados con la observación astronómica y los ciclos del tiempo, fundamentales para coordinar labores agrícolas, actividades sociales y ceremonias.
Otro aspecto relevante fue la conexión de Caral con comunidades de la costa, la región andina y la Amazonía, así como con territorios del actual Ecuador. Entre los hallazgos arqueológicos figuran objetos elaborados con Spondylus, un molusco procedente de las costas ecuatorianas, además de plumas de guacamayo y caracoles amazónicos.
Estos vestigios confirman la existencia de redes de intercambio que facilitaron la circulación de productos, conocimientos y prácticas culturales mediante rutas terrestres, marítimas y fluviales.
Por su parte, el ministro de Cultura de Perú, Alberto Beingolea, resaltó la importancia de continuar los estudios arqueológicos para preservar el legado de Caral y aprovechar las enseñanzas que esta sociedad milenaria puede ofrecer a las generaciones actuales.
Las investigaciones continúan aportando información sobre las capacidades tecnológicas, la organización social y los conocimientos ambientales de una civilización que dejó una huella significativa en la historia del continente americano.
Fuente – EFE




