En octubre de 1937, la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo ordenó la matanza de haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana en la frontera noroeste. Durante casi nueve décadas, ese crimen se ha usado para señalar a todo un pueblo. Es una injusticia histórica.
Los documentos de la época, la prensa estadounidense y los informes de los propios funcionarios de Estados Unidos cuentan otra historia. La orden salió del Palacio, y la ejecutaron el ejército y la policía del régimen. Mientras tanto, muchos dominicanos de a pie, en la Línea Noroeste, arriesgaron la vida para salvar a sus vecinos. Este artículo es para ellos.
Lo que vio la prensa: el brazo del régimen
Cuando la noticia cruzó el mar, los periódicos estadounidenses no culparon a un pueblo. Señalaron a los uniformes. En noviembre de 1937, la agencia AP atribuyó la violencia a soldados dominicanos que intentaban expulsar por la fuerza a trabajadores haitianos (Baltimore Sun, 7 nov 1937). La UP, citando a un observador estadounidense, describió cómo la policía rural reunía a los haitianos y los llevaba en grupos hasta Dajabón (Washington Daily News, 10 nov 1937).
El reportero Louis Jay Heath, de la UP, escribió que fueron soldados y policías quienes llevaron a familias enteras hasta la costa (Washington Daily News, 24 nov 1937). Un residente estadounidense del norte de Haití situó el inicio de los ataques justo después de un discurso de Trujillo en un baile en Dajabón, el 3 de octubre, y señaló a la Guardia como ejecutora en Montecristi (Washington Daily News, 22 dic 1937).
La cadena de mando era clara: un dictador, un discurso y un aparato armado que obedecía. No era el campesino de la Línea quien daba las órdenes.
El silencio impuesto
Un pueblo libre habría hablado. El dominicano de 1937 no lo era. El régimen controlaba la prensa nacional, y los primeros detalles tardaron semanas en salir del país. La AP reconoció en noviembre que muchos datos habían sido suprimidos (Baltimore Sun, 7 nov 1937).
El gobierno de Trujillo calificó los hechos como una disputa privada entre individuos de ambos lados de la frontera (Washington Daily News, 8 nov 1937). Después compró anuncios de página completa en periódicos estadounidenses para imponer su versión (Washington Daily News, 17 dic 1937). Y cuando necesitó culpables, el régimen abrió un proceso judicial que terminó condenando a campesinos dominicanos, obligados a confesar crímenes que la dictadura había ordenado, según documentó el historiador Richard Lee Turits (Island Luminous, FIU).
Esa es la prueba más amarga de esta historia: Trujillo no solo mató, sino que intentó cargar su crimen sobre los hombros del pueblo dominicano.
Los dominicanos que alzaron la voz
Hubo dominicanos que no callaron, aunque hacerlo les costó la patria. El 9 de noviembre de 1937, el Congreso trujillista aprobó la Resolución 1414, publicada en la Gaceta Oficial, que declaró «dominicanos indignos» y «traidores a la Patria» a José Manuel Jimenes, Rafael Brache, Juan Isidro Jimenes Grullón y Buenaventura Sánchez. Su falta, según el texto oficial, fue difundir su versión de los sucesos fronterizos. El Listín Diario se hizo eco de la resolución al día siguiente (El Caribe; NBC News). Su delito fue decir la verdad.
En enero de 1938, exiliados dominicanos en Nueva York denunciaron públicamente al dictador que había ordenado la matanza (Dayton Forum, 21 ene 1938). Desde lejos y sin protección, se negaron a que el crimen se cometiera en su nombre.
Y desde dentro, un joven funcionario judicial dominicano destinado en la frontera, Freddy Prestol Castillo, guardó lo que vio en un manuscrito que solo pudo publicarse tras la caída del régimen: El Masacre se pasa a pie (Cornell University). La conciencia dominicana sobrevivió escondida, esperando su hora.
Los que protegieron
La página más luminosa de 1937 la escribieron los dominicanos de la frontera. Allí, haitianos y dominicanos habían vivido juntos durante generaciones: trabajaban las mismas tierras, se casaban entre sí y compartían mercados y fiestas. Cuando llegó la orden de matar, muchos se negaron a entregar a sus vecinos.
El testimonio más contundente viene de Washington. Un oficial de la División de Inteligencia Militar de Estados Unidos que recorrió la frontera en diciembre de 1937 informó que, en algunos lugares, campesinos dominicanos habían escondido a refugiados haitianos sin importarles su propia seguridad. Muchos de esos refugiados llevaban más de una generación viviendo en paz entre ellos. El informe lo rescató el historiador Richard Lee Turits, y lo citó un análisis publicado en Acento (Acento, 2017).
Los testimonios recogidos por Turits añaden algo más: hubo militares en servicio y guardias locales que arriesgaron su vida para ayudar a los perseguidos. En Loma de Cabrera, la tradición local recuerda que familias haitianas se ocultaron en las cuevas detrás de una cascada (NPR, 2017).
Esos hombres y mujeres no salieron en los titulares de 1937. Bajo una dictadura que castigaba la desobediencia con la muerte, eligieron la humanidad. Son la verdadera cara del pueblo dominicano en aquellos días.
Memoria con dignidad
La historia no se defiende ocultando lo que pasó, sino diciéndolo completo. Hubo también civiles obligados por el régimen a participar, y vecinos que colaboraron. Reconocerlo no debilita al pueblo dominicano; al contrario, le da credibilidad a su defensa.
Porque la verdad completa es esta: la orden, las armas, la censura y la mentira fueron de Trujillo. El pueblo dominicano fue rehén de esa dictadura durante treinta y un años, y en la frontera de 1937 muchos de sus hijos escogieron proteger antes que matar.
Recordar a las víctimas haitianas y honrar a los dominicanos que las protegieron no son causas opuestas. Son la misma causa. La nación que hoy pide justicia para su nombre es la heredera de aquellos campesinos que escondieron a sus vecinos, de los exiliados que denunciaron y de los que guardaron la verdad en silencio hasta que pudieron contarla.
Fuentes para hacerlos y reunir los detalles se utilizo la IA
• Recopilación de prensa «What the US press reported about the 1937 Parsley Massacre» (Chronicling America y ProQuest), 10 de octubre de 2026. De ella proceden los enlaces a periódicos de 1937 y 1938 citados arriba.
• Acento: «La mueite la mano hata ei machete», 2017, con el informe de la Inteligencia Militar de EE. UU. de diciembre de 1937 citado por Richard Lee Turits.
• Richard Lee Turits, «Dominican Responses in the Aftermath of the 1937 Haitian Massacre», Island Luminous, FIU
• NPR: 80 Years On, Dominicans And Haitians Revisit Painful Memories, 2017
• El Caribe: De Fello Brache a Tom Pérez, sobre la Resolución 1414 del Congreso Nacional, del 9 de noviembre de 1937.
• NBC News: Tom Perez y la oposición de Rafael Brache a Trujillo
• Cornell University: tesis de Daly Guilamo sobre Prestol Castillo y Danticat, 2007




