En este trabajo fijamos nuestra posición frente al artículo titulado Emancipación del Colegio Médico, en el cual se plantea la necesidad de separar radicalmente al Colegio Médico Dominicano (CMD) de la Asociación Médica Dominicana (AMD), bajo el argumento de que el primero debe constituirse en una institución de carácter legal, académico, científico y regulador, mientras que la segunda debe asumir las funciones propias de una organización sindical, orientada a la lucha reivindicativa, la movilización y la confrontación frente a los conflictos que se producen en el sector salud.
A nuestro juicio, este planteamiento parte de una interpretación limitada de la naturaleza del gremialismo médico dominicano. Pretender resolver las contradicciones existentes en el sistema sanitario mediante la creación de dos organizaciones paralelas, con funciones supuestamente excluyentes, constituye una propuesta que puede tener consecuencias profundamente negativas para la unidad, la autonomía y la capacidad de representación de los médicos dominicanos.
El problema no puede analizarse exclusivamente desde una perspectiva administrativa, jurídica o funcional. Es necesario comprenderlo desde una visión histórica, sociológica y política que permita interpretar las circunstancias en las cuales surgió la organización médica nacional, su evolución institucional y las razones que motivaron su transformación en Colegio Médico Dominicano.
La historia no puede separarse de las instituciones que produce. Por tanto, cualquier propuesta de transformación del CMD debe partir del conocimiento de sus antecedentes, de las luchas que le dieron origen y de las conquistas sociales que han construido su identidad.
La historia de la AMD: el origen del gremialismo médico dominicano
El gremialismo médico dominicano no nació como una estructura burocrática ni como una institución creada exclusivamente para administrar credenciales profesionales. Su origen está relacionado con el desarrollo de la medicina nacional, la formación de los primeros profesionales graduados en el país y la necesidad de organizar a los médicos para defender sus derechos y contribuir al mejoramiento de la salud colectiva.
El desarrollo de la enseñanza médica en la Universidad de Santo Tomás de Aquino constituyó un acontecimiento trascendental en la evolución de la medicina dominicana. La formación de profesionales nacionales permitió consolidar una comunidad médica con identidad propia, capaz de organizarse y asumir responsabilidades científicas, sociales y gremiales.
En ese contexto histórico se sitúa la fundación de la organización médica dominicana el 16 de agosto de 1891, antecedente del movimiento gremial que posteriormente se consolidaría en la Asociación Médica Dominicana.
Desde sus orígenes, la organización médica asumió una doble responsabilidad: defender los derechos y la dignidad de los profesionales de la medicina, y contribuir al mejoramiento de las condiciones sanitarias de la población.
Esta doble dimensión constituye uno de los rasgos esenciales de nuestra tradición gremial. La defensa de los médicos y la defensa del derecho a la salud no son propósitos contradictorios; por el contrario, son objetivos que se complementan y se fortalecen mutuamente.
La AMD fue construyendo, a través de décadas de trabajo, movilizaciones, debates y reivindicaciones, una identidad colectiva que trascendió los intereses particulares de sus dirigentes. Su legado no puede reducirse a una simple estructura organizativa, porque representa una tradición de lucha, solidaridad, compromiso social y defensa de la profesión médica.
La transformación de la AMD en Colegio Médico Dominicano
En el año 2003, mediante la Ley 68-03, se produjo la transformación institucional de la Asociación Médica Dominicana en el Colegio Médico Dominicano.
Este acontecimiento representó un cambio importante en la estructura jurídica y organizativa del gremialismo médico nacional. Sin embargo, esa transformación no significó la desaparición de su historia, ni la renuncia a los principios que habían orientado su trayectoria.
El Colegio Médico Dominicano es el resultado de un proceso de evolución institucional. En él convergen las nuevas responsabilidades jurídicas, académicas y profesionales con la tradición reivindicativa que históricamente había desarrollado la AMD.
Desde nuestra perspectiva, el CMD representa una superación dialéctica de la antigua estructura de la AMD: incorpora nuevas atribuciones y responsabilidades, pero conserva los fundamentos históricos que justificaron la existencia de la organización médica.
Por eso, pretender establecer una ruptura entre ambas instituciones supone desconocer la continuidad histórica que existe entre ellas.
No se puede defender la institucionalidad del Colegio Médico destruyendo la memoria histórica que le dio origen. Tampoco se puede construir una organización verdaderamente fuerte si se pretende separar artificialmente sus responsabilidades científicas, profesionales, sociales y reivindicativas.
La autonomía económica como garantía de independencia política
Uno de los aspectos más importantes en la evolución del Colegio Médico Dominicano ha sido la preservación de su independencia económica.
Debemos comprender que la autonomía financiera constituye una condición fundamental para garantizar la independencia política, ideológica y organizativa de cualquier entidad gremial.
Una organización que depende económicamente del poder político puede quedar expuesta a presiones, condicionamientos y mecanismos de control que limiten su capacidad para representar libremente los intereses de sus afiliados.
En ese sentido, la independencia económica del CMD ha sido un elemento estratégico para preservar su capacidad de actuación frente al Estado y los distintos sectores que intervienen en el sistema sanitario.
La condición jurídica de una institución no debe confundirse con su autonomía. Que una organización tenga reconocimiento legal y atribuciones establecidas mediante una ley no significa que deba renunciar a su independencia frente al poder estatal.
Precisamente por eso, debemos defender un Colegio Médico con capacidad para regular sus asuntos internos, administrar sus recursos, elegir democráticamente a sus autoridades y adoptar posiciones sin subordinación a los intereses del gobierno de turno.
La autonomía no es un privilegio de los dirigentes; es una garantía colectiva de todos los médicos.
La división del gremialismo: un riesgo para la unidad de los médicos
Consideramos que la propuesta de crear dos organizaciones paralelas para representar a los profesionales de la medicina constituye un error estratégico de grandes dimensiones.
Separar las funciones institucionales, científicas y académicas de las responsabilidades reivindicativas puede parecer, en teoría, una solución administrativa. Sin embargo, en la práctica, podría producir una fragmentación de la representación médica, debilitar la capacidad de negociación colectiva y generar contradicciones entre organizaciones que deberían actuar de manera coordinada.
La propuesta de establecer una entidad de carácter legal, con afiliación obligatoria, y otra organización sindical, de afiliación libre y voluntaria, plantea interrogantes fundamentales:
¿Quién representaría a los médicos frente al Estado? ¿Quién tendría la legitimidad para negociar las condiciones laborales? ¿Cómo se resolverían las diferencias entre ambas entidades? ¿Qué ocurriría cuando sus intereses institucionales o sus posiciones políticas fueran diferentes?
La división también podría generar disputas por la representación, duplicidad de estructuras, dispersión de recursos y debilitamiento de la capacidad de movilización.
En un escenario donde los médicos enfrentan bajos salarios, precariedad laboral, deficiencias hospitalarias y dificultades para acceder a condiciones dignas de trabajo, la fragmentación organizativa sería una desventaja considerable.
La historia del movimiento obrero y de las organizaciones sociales demuestra que la división de las fuerzas colectivas puede reducir su capacidad de negociación frente a sectores que concentran poder económico y político.
Por eso sostenemos que dividir al Colegio Médico Dominicano no constituye una verdadera emancipación institucional. Por el contrario, podría convertirse en una amenaza para la continuidad del gremialismo médico nacional.
La unidad no significa uniformidad de pensamiento. Significa tener una organización capaz de representar la diversidad de opiniones de sus miembros y defender intereses comunes.
El papel reivindicativo del Colegio Médico y el derecho a la protesta
El Colegio Médico Dominicano no puede renunciar a su responsabilidad histórica de defender los derechos laborales, económicos y sociales de los profesionales de la salud.
La movilización, la protesta, las concentraciones, los paros laborales y la huelga han sido instrumentos utilizados por el gremialismo médico para reclamar reivindicaciones que, en numerosas ocasiones, han sido postergadas por las autoridades.
Las luchas del Colegio Médico han estado relacionadas fundamentalmente con demandas legítimas, entre ellas:
- Reajustes salariales que permitan mejorar las condiciones de vida de los profesionales.
- Cumplimiento de los incentivos económicos establecidos para los médicos.
- Aumento y dignificación de las pensiones y jubilaciones.
- Protección frente al maltrato, el abuso y las agresiones contra los profesionales de la salud.
- Respeto a los derechos laborales y profesionales.
- Mejoramiento de la infraestructura y las condiciones de los hospitales públicos.
- Garantía de condiciones adecuadas para ofrecer servicios de salud de calidad a la población.
Estas reivindicaciones no representan privilegios particulares de los médicos. Constituyen demandas relacionadas con la dignidad del trabajo, la estabilidad laboral y la calidad de los servicios sanitarios.
No podemos aceptar que se descalifique automáticamente la protesta gremial bajo el argumento de que genera conflictos en el sistema sanitario. Es necesario preguntarse también por las causas que originan esos conflictos.
Cuando el Estado incumple sus compromisos, posterga las reivindicaciones salariales, mantiene hospitales en condiciones precarias o permite que se vulneren los derechos de los profesionales, está contribuyendo a crear las condiciones que hacen necesaria la protesta.
La huelga no debe ser considerada como un objetivo en sí mismo, sino como un instrumento legítimo de presión y negociación, utilizado cuando se agotan las vías ordinarias de diálogo y las autoridades se niegan a responder a las demandas fundamentales.
El Colegio Médico debe ejercer ese derecho con responsabilidad, sentido ético y conciencia social, procurando siempre preservar la vida, la integridad de los pacientes y la continuidad de los servicios esenciales.
Renunciar al derecho legítimo de la huelga significaría despojar al gremio de una de sus principales herramientas históricas de defensa.
La ética médica no puede convertirse en un instrumento de descalificación gremial
Reconocemos que la ética profesional, la calidad científica y la responsabilidad social constituyen pilares fundamentales del ejercicio de la medicina.
El Colegio Médico debe fortalecer permanentemente estos principios. Sin embargo, nos preocupa que determinados sectores utilicen el discurso de la ética como un instrumento de descalificación de las reivindicaciones gremiales, sin examinar las condiciones estructurales que afectan el ejercicio de la profesión y la prestación de los servicios sanitarios.
La ética médica no puede limitarse a exigir responsabilidades individuales a los profesionales. También debe comprometer a las autoridades, administradores, aseguradoras y demás actores del sistema de salud.
No puede hablarse de una verdadera ética sanitaria cuando los hospitales carecen de recursos suficientes, los profesionales trabajan en condiciones inadecuadas, los salarios no corresponden con las responsabilidades asumidas y los pacientes encuentran obstáculos para recibir atención oportuna y de calidad.
La defensa de la ética debe ser integral. Debe abarcar tanto el comportamiento de los profesionales como las responsabilidades institucionales y las condiciones materiales en las cuales se desarrolla la atención médica.
No es ético exigir excelencia profesional mientras se mantienen condiciones laborales y hospitalarias que dificultan alcanzarla.
La ética no debe ser una bandera utilizada selectivamente para cuestionar las luchas gremiales, sino un compromiso permanente con la dignidad humana, la justicia social y el derecho fundamental a la salud.
El derecho a la salud y los intereses económicos del sistema sanitario
Estamos conscientes de que todos los actores del sistema sanitario tienen responsabilidades frente a la sociedad. Sin embargo, también debemos reconocer que existen contradicciones entre el derecho de la población a recibir servicios de salud de calidad y los intereses económicos de determinados sectores que participan en el negocio sanitario.
La salud no puede ser concebida exclusivamente como una mercancía ni la atención médica como una actividad cuya finalidad principal sea producir beneficios económicos.
Cuando la rentabilidad se coloca por encima de las necesidades humanas, se corre el riesgo de sacrificar la calidad de los servicios, limitar el acceso de la población a la atención y mantener condiciones laborales desfavorables para los trabajadores de la salud.
El Colegio Médico Dominicano debe mantener una posición firme frente a estas distorsiones.
Su compromiso no puede limitarse a la defensa salarial de sus afiliados. También debe participar activamente en la discusión de las políticas públicas, la transformación del sistema sanitario y la defensa de un modelo de salud que garantice atención digna, oportuna y de calidad para todos los dominicanos.
La defensa de los médicos y la defensa de los pacientes deben caminar juntas.
La libertad sindical, la libertad de expresión y los derechos fundamentales
Los médicos dominicanos tienen derechos fundamentales que no pueden ser objeto de negociación ni de renuncia.
Entre ellos se encuentran la libertad de expresión, el derecho al trabajo, la libertad sindical, la libre asociación, la participación democrática y el derecho a la legítima defensa de sus intereses profesionales y laborales.
Estos derechos forman parte de las conquistas sociales que han permitido el desarrollo de las organizaciones gremiales y la consolidación de las libertades públicas.
El Colegio Médico debe ser una institución donde puedan convivir diferentes corrientes de pensamiento, posiciones políticas y concepciones sobre el desarrollo de la medicina y el sistema de salud.
La pluralidad es una fortaleza cuando existe una estructura democrática capaz de garantizar la participación de todos sus miembros.
Por eso, la defensa de la integridad institucional no debe confundirse con la defensa de intereses particulares, grupos de poder o dirigencias circunstanciales.
El Colegio pertenece a todos los médicos dominicanos. Su destino debe decidirse mediante mecanismos democráticos, respetando la voluntad de sus miembros y garantizando la alternabilidad de sus autoridades.
El Colegio Médico necesita transformaciones, pero no una ruptura con su historia
Reconocemos que el Colegio Médico Dominicano necesita introducir cambios importantes para fortalecer su institucionalidad y responder a los desafíos actuales de la profesión médica.
No estamos planteando una defensa conservadora de las estructuras existentes ni una resistencia a las transformaciones necesarias.
Por el contrario, entendemos que el CMD debe avanzar hacia una organización más moderna, eficiente, democrática, académica y científicamente fortalecida.
Entre las transformaciones que consideramos necesarias se encuentran:
- Actualizar sus reglamentos internos para fortalecer la gobernanza institucional.
- Modernizar sus estructuras administrativas y organizativas.
- Elevar los estándares de formación científica y educación médica continua.
- Fortalecer las categorías académicas y los espacios de investigación.
- Crear mecanismos permanentes de evaluación y transparencia en la gestión.
- Promover la participación de los médicos jóvenes y de las nuevas generaciones.
- Fortalecer la relación del Colegio con las universidades, las sociedades médicas especializadas y las instituciones científicas.
- Desarrollar una política de mayor vinculación con las organizaciones sociales, comunitarias, gremiales y políticas.
- Consolidar su participación en los grandes debates nacionales sobre las políticas públicas de salud.
- Fortalecer la defensa de los derechos laborales, la seguridad social y las condiciones de ejercicio profesional.
El fortalecimiento académico y científico no tiene por qué entrar en contradicción con la función reivindicativa. Ambas responsabilidades pueden coexistir dentro de una misma organización, siempre que existan estructuras funcionales, mecanismos de coordinación y una dirección institucional capaz de equilibrar sus diferentes atribuciones.
Lo que necesitamos es un Colegio Médico más fuerte, no un gremio dividido.
La modernización institucional debe servir para ampliar nuestras capacidades, no para debilitar nuestra representación histórica.
Una organización unida frente a los desafíos del futuro
El debate sobre el futuro del Colegio Médico Dominicano debe desarrollarse con profundidad, responsabilidad y visión histórica.
No podemos permitir que las diferencias conceptuales se conviertan en motivos para fragmentar una organización que ha costado décadas de sacrificios, luchas y esfuerzos colectivos.
La historia de la AMD y la evolución hacia el CMD representan una experiencia de organización social que debe ser estudiada, preservada y fortalecida.
Los médicos necesitamos una institución que nos represente ante el Estado, que defienda nuestros derechos, que impulse el desarrollo científico y académico, que participe en la formulación de políticas sanitarias y que mantenga una relación de compromiso con las necesidades de la población.
Esa institución debe ser autónoma, económicamente independiente, democrática y capaz de ejercer sus responsabilidades sin subordinación a intereses políticos o económicos externos.
La solución a las dificultades del Colegio no consiste en dividirlo, sino en perfeccionar sus estructuras, elevar su calidad institucional y fortalecer su capacidad de representación.
La unidad gremial no debe ser una consigna vacía. Debe expresarse en una organización que tenga legitimidad, transparencia, capacidad de diálogo y firmeza para defender los intereses colectivos de los médicos.
Preservar la unidad, defender la autonomía y fortalecer la institucionalidad
Consideramos que el Colegio Médico Dominicano representa la continuidad histórica del movimiento médico nacional y la expresión institucional de las luchas que durante generaciones desarrolló la Asociación Médica Dominicana.
Su transformación jurídica no puede interpretarse como una ruptura con ese legado, ni puede utilizarse como argumento para despojarlo de su naturaleza reivindicativa.
El CMD tiene el desafío de fortalecer sus funciones científicas, académicas, regulatorias y profesionales, pero también tiene la obligación histórica de preservar su capacidad de lucha y defensa de los derechos de los médicos.
No podemos aceptar que, en nombre de la modernización institucional, se promueva una división que termine debilitando la representación colectiva de los profesionales de la medicina.
Tampoco podemos permitir que el discurso de la excelencia científica se utilice para relegar la lucha por mejores condiciones laborales, salarios dignos, hospitales adecuados y una atención sanitaria de calidad para el pueblo dominicano.
La verdadera transformación del Colegio Médico debe construirse sobre tres pilares fundamentales: integridad institucional, autonomía gremial e independencia económica y política.
Debemos defender una organización capaz de dialogar con el Estado, pero también de enfrentarlo cuando incumpla sus responsabilidades; capaz de promover la excelencia académica, pero también de luchar por las condiciones materiales que hacen posible ejercer la medicina con dignidad; capaz de representar a sus afiliados, pero sin perder de vista su compromiso con la sociedad dominicana.
La AMD nos dejó una historia de lucha. El Colegio Médico tiene la responsabilidad de preservar ese legado, enriquecerlo y proyectarlo hacia las nuevas generaciones.
Dividir al gremio es debilitar su capacidad de defensa. Fortalecer su institucionalidad es ampliar su capacidad de respuesta. Preservar su autonomía es garantizar su independencia.
Por eso, nuestra posición es firme: el Colegio Médico Dominicano debe mantenerse como una sola organización, íntegra, autónoma, independiente y democrática, con capacidad para cumplir simultáneamente sus responsabilidades científicas, académicas, profesionales y reivindicativas.
No se trata de escoger entre ciencia y lucha gremial, entre institucionalidad y reivindicación, entre excelencia profesional y justicia social.
Se trata de comprender que todas estas dimensiones forman parte de una misma responsabilidad histórica.
La unidad del gremialismo médico dominicano es una conquista que debemos preservar.
Defender la integridad del Colegio Médico Dominicano es defender el legado de la AMD, la dignidad de los médicos y el derecho a la salud del pueblo dominicano.




