Un hallazgo en los archivos
En más de dos años de cobertura de la prensa estadounidense, de octubre de 1937 a diciembre de 1939, la palabra «perejil» no aparece ni una sola vez. Tampoco aparece «parsley». La revisión abarcó miles de páginas digitalizadas de Chronicling America, de la Biblioteca del Congreso, y los archivos del Baltimore Sun y del Baltimore Afro-American en ProQuest.
El dato sorprende, porque hoy el nombre más difundido de la matanza en inglés es «Parsley Massacre». Según la versión popular, los soldados pedían a sus víctimas pronunciar «perejil» y la pronunciación delataba quién era haitiano. Ninguno de los periódicos de la época recoge esa escena.
Este artículo examina qué significa ese silencio. La respuesta corta es que sí revela algo sobre cómo se construyó el relato. Lo que no hace es reducir la magnitud del crimen, que esos mismos periódicos documentaron con creciente detalle.
Lo que la prensa sí contó
Los periódicos no hablaron de perejil, pero sí describieron muertes masivas, con métodos, lugares y testigos. La primera noticia salió el 25 de octubre de 1937, casi tres semanas después de los hechos. Era un despacho de AP desde Puerto Príncipe que hablaba de al menos 300 muertos en la frontera (Evening Star, 25 oct 1937).
A partir de noviembre llegaron los detalles. La UP citó a un observador estadounidense según el cual la policía rural reunía a los haitianos y los llevaba a Dajabón en grupos de unos 150 (Washington Daily News, 10 nov 1937).
El reportero Louis Jay Heath, de la UP, escribió que durante tres noches seguidas de principios de octubre llevaron grupos de hombres, mujeres y niños hasta el mar y los mataron a golpes (Washington Daily News, 24 nov 1937).
El obispo francés de Cap-Haïtien, J. M. Jan, transmitió relatos de refugiados sobre personas arrojadas al mar en Montecristi o llevadas al monte para ser asesinadas (Evening Star, 21 dic 1937). Un residente estadounidense del norte de Haití situó el inicio de los ataques justo después de un discurso de Trujillo en un baile en Dajabón, el 3 de octubre (Washington Daily News, 22 dic 1937).
Frente a esto, el régimen respondió siempre con negación. Primero lo llamó una disputa privada entre individuos de ambos lados. Después dijo que las cifras eran exageradas y absurdas. Más tarde atribuyó la violencia a supuestas incursiones haitianas, y su legación llegó a sostener que los muertos no pasaban de 120 (Baltimore Afro-American, 26 mar 1938). Aun así, en febrero de 1938 el gobierno dominicano firmó un acuerdo para pagar 750,000 dólares de indemnización (Baltimore Sun, 1 feb 1938).
Por qué la palabra no está
La ausencia del perejil se explica por cómo trabajó la prensa, no por lo que ocurrió en el terreno. Hay tres razones.
No hubo acceso. Ningún corresponsal estadounidense estuvo en la frontera dominicana durante la matanza. El propio despacho de AP del 7 de noviembre reconocía que muchos detalles habían sido suprimidos y que nada se publicó hasta el 22 de octubre (Baltimore Sun, 7 nov 1937). Todo llegó de segunda o tercera mano, a través de refugiados en Haití, viajeros en Cuba y diplomáticos.
Las fuentes eran oficiales. La mayor parte de la cobertura se escribió desde Washington y repetía a ministros, legaciones y al Departamento de Estado. Ese tipo de fuente habla de cifras, reparaciones y tratados, no de cómo se identificaba a una víctima en un camino de Dajabón.
El régimen controlaba la información. En República Dominicana no había prensa libre. El gobierno pagó anuncios de página completa en periódicos estadounidenses para dar su versión (Washington Daily News, 17 dic 1937). Los testigos dominicanos no podían hablar sin arriesgar su vida.
Un límite más, propio de esta revisión: Chronicling America no incluye el New York Times, el Washington Post ni los grandes semanarios afroamericanos como el Pittsburgh Courier o el Chicago Defender. Que la palabra no esté aquí no garantiza que no esté en ninguna parte.
De dónde viene el perejil
El nombre «Masacre del Perejil» es posterior a los hechos. En su momento, en la frontera, la matanza se conoció en español como «El Corte» y en creole haitiano como «kout kouto-a», que significa la puñalada. Como señaló un análisis publicado en Acento, lo que en su tiempo se llamó El Corte pasó a ser, por la vía literaria, la Masacre del Perejil (Acento, 2017).
La escena del perejil se difundió sobre todo a partir de la memoria oral y de la literatura. Entre las obras que la popularizaron están el poema «Parsley» de Rita Dove (1983) y la novela The Farming of Bones de Edwidge Danticat (1998), esta última reseñada por NPR (NPR, 2012).
Los historiadores han tratado el detalle con cautela. Lauren Derby y Richard Turits recogieron testimonios orales de sobrevivientes y refugiados a mediados de los años ochenta (William & Mary). Algunos resúmenes del trabajo de Derby señalan que la prueba del perejil, como explicación general de cómo se elegía a las víctimas, tiene más de mito que de testimonio directo. La razón es sencilla: en la frontera de 1937 muchas víctimas habían nacido en territorio dominicano y hablaban español, de modo que una prueba de pronunciación no habría servido para distinguirlas.
En otras palabras, la duda razonable sobre el perejil no es una tesis negacionista. Es una discusión entre los mismos historiadores que documentan la matanza.
Lo que el silencio prueba, y lo que no
El silencio de la prensa prueba una cosa concreta: el perejil no formó parte del relato público de 1937 a 1939. El nombre y la escena se consolidaron después, a través de testimonios recogidos décadas más tarde y de la literatura. Un historiador dominicano tiene derecho a señalarlo y a exigir que se distinga entre lo documentado y lo que se repite por costumbre.
Lo que ese silencio no prueba es que hubiera pocos muertos. Los mismos periódicos que no mencionan el perejil registran cifras que suben con cada nuevo testimonio: 5,000 según el ministro del Interior haitiano, 8,000 según el presidente Vincent y 12,168 según Lescot, a partir de relatos de refugiados (Baltimore Sun, 21 dic 1937). Quentin Reynolds, que estuvo en el terreno, estimó unos 20,000 (Washington Daily News, 15 jul 1939).
La mejor defensa de la historia dominicana no pasa por negar a las víctimas, sino por poner la responsabilidad donde corresponde. Fue una operación del Estado trujillista, ejecutada por su ejército y su policía rural, y encubierta por su propaganda. Ese mismo régimen persiguió a dominicanos: en enero de 1938, exiliados dominicanos denunciaron la matanza en Nueva York (Dayton Forum, 21 ene 1938). Ellos también forman parte de esta historia, y merecen ser recordados.
Fuentes para hacerlos y reunir los detalles se utilizo la IA
• Recopilación de prensa «What the US press reported about the 1937 Parsley Massacre» (Chronicling America y ProQuest), actualizada el 10 de octubre de 2026. Todos los enlaces de periódicos de 1937 a 1939 citados arriba proceden de ella.
• Acento: «La mueite la mano hata ei machete», 2017
• NPR: Remembering To Never Forget, 2012
• William & Mary: Terreurs de frontière, de Derby y Turits
• Cambridge University Press: Sabine F. Cadeau, More than a Massacre, cap. 4
Por: Redacción




