Francisco, quien ya había criticado en 2016 la propuesta de Trump de construir un muro en la frontera con México, reiteró su postura sobre la construcción de barreras físicas para bloquear el paso de migrantes. En aquel entonces, el Papa había afirmado que quien levantara muros no podía considerarse cristiano, un comentario que generó tensiones con el entonces candidato presidencial.
El rechazo a las políticas migratorias de Trump no solo proviene del Papa, sino también de varios líderes de la Iglesia Católica en Estados Unidos. El cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington, subrayó que las medidas propuestas por el presidente electo no están alineadas con los principios católicos de acoger al extranjero. Por su parte, el cardenal Blasé Cupich de Chicago calificó las deportaciones masivas como “profundamente preocupantes y dolorosas”.
Cupich, en una declaración desde la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en México, recordó que los gobiernos tienen el deber de proteger sus fronteras, pero también deben defender los derechos y la dignidad de todas las personas. Esta posición es coherente con el enfoque del Papa Francisco, hijo de inmigrantes italianos en Argentina, quien ha abogado consistentemente por la protección, integración y dignidad de los migrantes, poniendo estas prioridades por encima de las preocupaciones sobre seguridad nacional.