Las protestas en todo Irán se intensifican en su segunda semana, alimentadas por la creciente indignación por las dificultades económicas.
Los grupos de derechos humanos afirman que hasta ahora hay más de 40 muertos, entre ellos niños.
Los precios de productos básicos como el aceite de cocina y el pollo se dispararon drásticamente de la noche a la mañana y algunos productos desaparecieron por completo. La volatilidad llevó a los comerciantes a cerrar sus negocios, una medida drástica para un grupo tradicionalmente partidario de la República Islámica.




