Este escenario, que el Gobierno calificó como una emergencia sanitaria nacional, motivó la publicación de las Pautas Dietéticas para los Estadounidenses 2025-2030, consideradas el mayor reajuste de la política nutricional federal en décadas.
Según el documento oficial, gran parte de las enfermedades crónicas que presionan el sistema de salud están vinculadas a la alimentación y al estilo de vida, una situación que incluso está afectando la preparación nacional, ya que estas condiciones descalifican a muchos jóvenes para el servicio militar y limitan sus oportunidades.
“Estas directrices nos devuelven a lo básico”, afirmó Kennedy, al señalar que los hogares deben enfocarse en alimentos integrales y ricos en nutrientes, como proteínas, lácteos, verduras, frutas, grasas saludables y cereales integrales, y reducir de manera significativa los productos altamente procesados. “Así es como logramos que Estados Unidos vuelva a ser saludable”, sostuvo.
Por su parte, Rollins destacó que, bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, esta edición de las guías redefinirá la política nutricional federal, con énfasis en la protección de las familias y los niños, así como en el fortalecimiento de los agricultores, ganaderos y productores estadounidenses, a quienes identificó como actores clave en la solución.
El Gobierno indicó que las pautas 2025-2030 buscan restaurar la integridad científica, la rendición de cuentas y el sentido común en las recomendaciones de salud pública, devolviendo a los alimentos, y no a los productos farmacéuticos, el papel central en la prevención. Como parte de este enfoque, se recupera la pirámide alimentaria como herramienta educativa.
Las directrices promueven una orientación flexible basada en la ciencia nutricional moderna, que incluye priorizar proteínas en cada comida, consumir lácteos enteros sin azúcares añadidos, aumentar el consumo de frutas y verduras en su forma integral, incorporar grasas saludables de alimentos como carnes, pescados, huevos, frutos secos, semillas, aceitunas y aguacates, y favorecer los cereales integrales, reduciendo los carbohidratos refinados.
También recomiendan limitar los ultraprocesados, los azúcares añadidos y los aditivos artificiales, elegir agua y bebidas sin azúcar, moderar el consumo de alcohol y ajustar las porciones según edad, sexo y nivel de actividad.
El documento incluye, además, recomendaciones específicas para bebés y niños, adolescentes, mujeres embarazadas y lactantes, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y quienes siguen dietas vegetarianas o veganas, con el objetivo de garantizar una nutrición adecuada en todas las etapas de la vida.




