El Kremlin acusó este martes al fundador de Telegram, Pável Dúrov, de negarse a cooperar con las autoridades rusas, luego de que el Servicio Federal de Seguridad (FSB) abriera una causa penal por presunta “colaboración con el terrorismo”.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró en su rueda de prensa diaria que las autoridades han detectado un “gran número de infracciones” y un aumento de contenido que, según su criterio, representa un riesgo para la seguridad nacional. “Nuestras agencias competentes están tomando las medidas que consideran oportunas”, añadió, aunque aclaró que el Kremlin no tiene autoridad para decidir bloquear o no las aplicaciones de mensajería.
Los medios rusos informaron que la causa penal abierta por el FSB acusa a Telegram de permitir que “la ilusión de anonimato trajera a la plataforma un ejército de radicales, drogadictos, asesinos y terroristas, constituyendo una amenaza para la sociedad”.
Además, el FSB ha vinculado la aplicación con problemas de comunicación en las tropas rusas desplegadas en Ucrania, justificando medidas de ralentización y restricciones técnicas sobre el servicio desde mediados de 2025.
Respuesta de Telegram y Dúrov
Pável Dúrov denunció que las acciones del gobierno ruso representan un ataque a la libertad en redes sociales, diseñado para obligar a los usuarios a migrar a aplicaciones estatales, como MAX, que estarían sujetas a vigilancia y censura política.
En su cuenta oficial, Dúrov escribió: “Rusia está restringiendo el acceso a Telegram para forzar a sus ciudadanos a usar una aplicación controlada por el Estado, creada para la vigilancia y la censura política”.
El fundador también alertó que cumplir con las exigencias de la justicia rusa —localizar los servidores de datos dentro del país— pondría en riesgo la privacidad de millones de usuarios.
Contexto y tensiones tecnológicas
Desde mediados de 2025, las autoridades rusas han restringido el acceso a servicios de mensajería como Telegram y WhatsApp, afectando funciones clave como videollamadas y mensajería en tiempo real. Mientras que el Kremlin justifica estas acciones por seguridad nacional, críticos nacionales e internacionales advierten que se trata de un intento de control sobre la información y censura digital.
Blogueros militares y líderes oficialistas también han señalado que la ralentización de Telegram entorpece la comunicación de las tropas, un argumento utilizado por el gobierno para justificar medidas más estrictas.
Implicaciones
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Para los usuarios: Riesgo de pérdida de privacidad si los servidores se localizan en territorio ruso.
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Para Telegram: Posible escalada legal y restricciones operativas dentro de Rusia.
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Para la comunidad internacional: Tensión sobre la libertad digital y la privacidad de datos, en medio de un contexto de vigilancia estatal creciente.
Analistas destacan que este enfrentamiento entre Telegram y el gobierno ruso es un ejemplo de la guerra tecnológica por el control de la información y de la tensión entre empresas globales de tecnología y estados autoritarios.




