Un recuento histórico de las fallas en el Metro, la electricidad, los semáforos, el agua potable y la infraestructura vial que sacuden la cotidianidad dominicana
El Metro de Santo Domingo: una cadena de averías que no cesa
El 20 de abril de 2026, apenas un día antes de la publicación de este reportaje, el Metro de Santo Domingo volvió a fallar. Una avería general del sistema afectó simultáneamente las Líneas 1 y 2 y el Teleférico durante las primeras horas de la mañana, justo en el horario en que miles de trabajadores y estudiantes dependen de él para llegar a sus destinos. Las largas filas y los retrasos se convirtieron en la postal del día. El servicio no comenzó a restablecerse sino hasta las 7:30 de la mañana, según reportes del Listín Diario.
No se trata de un episodio aislado. Los registros de los últimos meses dibujan un patrón inquietante:
Cronología de las principales fallas del Metro (2025-2026)
▸ 14 de agosto de 2025: El servicio fue suspendido entre las estaciones Concepción Bona y Eduardo Brito tras el desprendimiento de un plafón en la estación Rosa Duarte. La paralización duró aproximadamente 20 minutos, generando alarma entre los pasajeros.
▸ 11 de septiembre de 2025: El Metro quedó fuera de operación por una falla en las subestaciones eléctricas Paraíso e Isabela, que salieron del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI), afectando las Líneas 1 y 2.
▸ 10 de noviembre de 2025: Una falla eléctrica en el tramo entre Mamá Tingó y Peña Gómez interrumpió el suministro de energía que alimenta los trenes de esa sección.
▸ 11 de noviembre de 2025 (el Gran Apagón): Un blackout nacional sacó de servicio al Metro y al Teleférico. Pasajeros fueron evacuados a través de los túneles ferroviarios. Miles de personas esperaron horas fuera de las estaciones sin poder llegar a sus hogares.
▸ 19 de noviembre de 2025: Una avería en el sistema de cambiavías de la estación María Montez (Línea 2) paralizó el servicio en horas de la mañana, justo en el pico de mayor afluencia.
▸ 5 de febrero de 2026: Un fallo técnico en un tren de la Línea 2, entre Trina de Moya y Concepción Bona, obligó al desalojo de todos los pasajeros. Las autoridades emitieron un comunicado señalando que no hubo riesgo para los usuarios.
▸ 23 de febrero de 2026: Un segundo apagón parcial masivo (blackout) golpeó el SENI, interrumpiendo de forma generalizada el servicio del Metro y el Teleférico. Cientos de usuarios debieron regresar a pie a sus hogares.
▸ 20 de abril de 2026: La falla más reciente al momento de publicar este informe. La avería general afectó todas las líneas del Metro y el Teleférico durante el horario pico matutino.
El Metro fue concebido como la columna vertebral del transporte de la capital. Su deterioro operativo golpea con mayor fuerza a los ciudadanos de menores ingresos, que no tienen alternativa para movilizarse.
Los blackouts: cuando todo el país queda a oscuras
El 11 de noviembre de 2025, a la 1:20 de la tarde, República Dominicana se quedó sin luz. No fue un apagón barrial ni provincial: fue un blackout total. Según la Empresa de Transmisión de Electricidad (ETED), una avería en las unidades ubicadas en San Pedro de Macorís y Quisqueya desencadenó una reacción en cadena que desconectó a todas las plantas de generación y transmisión del país. Hogares, comercios, hospitales, fábricas y oficinas quedaron en penumbras en plena jornada laboral.
Las consecuencias fueron inmediatas y múltiples: el Metro fue evacuado de emergencia, los semáforos se apagaron en todas las avenidas del Gran Santo Domingo provocando un colapso vehicular sin precedentes, el teleférico de Santiago fue suspendido, y los hospitales dependieron de generadores de emergencia para mantener los quirófanos y las salas de cuidados intensivos. Los daños económicos incluyeron pérdidas millonarias en productos perecederos —carnes, embutidos, lácteos— y la paralización de negocios que facturan en sus horas pico. La energía total no fue restablecida sino hasta las 2:20 de la madrugada del día siguiente.
Menos de cuatro meses después, el 23 de febrero de 2026, ocurrió el segundo blackout generalizado. Esta vez, la falla tuvo origen en un disparo del interruptor de la línea de 138 kilovoltios Hainamosa-Villa Duarte. El escenario se repitió con perturbadora precisión: semáforos apagados, caos vehicular en Santiago y Santo Domingo, Metro con intermitencias hasta la noche, y ciudadanos varados sin transporte. La primera declaración oficial llegó más de tres horas después del inicio del apagón, en respuesta a las quejas masivas en redes sociales.
El expresidente Leonel Fernández diagnosticó con precisión el problema al señalar que estos apagones son síntoma de que el sector eléctrico no recibe las inversiones necesarias para modernizar el sistema y diversificar las fuentes de generación. Las lluvias de abril de 2026 demostraron que tenía razón: la subestación Paraíso quedó prácticamente colapsada por inundaciones, dejando sin energía a cerca del 60% del Polígono Central, incluyendo sectores como Piantini y Naco, según denuncias de la Fuerza del Pueblo.
«La electricidad no es un lujo: es un servicio esencial que sostiene la vida moderna.» — Editorial de Hoy.com.do, febrero de 2026.
Los semáforos: testigos mudos del caos vial
«El tránsito es un caos, no hay un solo semáforo encendido.» Estas palabras, pronunciadas por Tomás Ozuna, un técnico informático entrevistado por la AFP durante el apagón del 11 de noviembre de 2025, resumen una realidad que se repite cada vez que el sistema eléctrico falla. Los semáforos son el primer servicio visible en colapsar durante los blackouts, pero también presentan fallas crónicas y cotidianas que no han recibido la atención necesaria.
Durante el apagón de noviembre de 2025, la suspensión del funcionamiento de los semáforos provocó tapones monumentales en las principales vías de Santo Domingo y Santiago de los Caballeros. En la segunda ciudad del país, el teleférico —otro servicio de movilidad urbana clave— también fue paralizado. La Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) confirmó que las subestaciones que alimentan las líneas del Metro quedaron fuera de servicio a las 13:25 horas, mientras los agentes de tránsito intentaban, sin mucho éxito, ordenar el flujo vehicular en las intersecciones más congestionadas.
La dependencia del sistema de semáforos respecto de la red eléctrica nacional sin sistemas de respaldo autónomos de emergencia es una vulnerabilidad estructural que las autoridades de tránsito han ignorado sistemáticamente. Cada apagón lo demuestra con igual resultado: el caos.
El agua potable: un bien escaso para miles de dominicanos
La crisis del agua potable en el Gran Santo Domingo alcanzó niveles históricos en 2025. Según reportes de El Nacional publicados en mayo de ese año, más de 40 comunidades, desde el sector 12 de Haina hasta la Zona Universitaria, llevaban más de un mes sin recibir agua. Un residente en esa área declaró: «Para el Ciclón David fue la única vez que duramos tanto tiempo sin agua como ahora.» La comparación con una catástrofe natural de décadas atrás habla por sí sola de la gravedad de la situación.
En abril de 2026, la Zona Universitaria —donde se concentran miles de residentes, comercios, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y varios hospitales— volvía a enfrentar el mismo problema. De acuerdo con el Diario Libre del 21 de abril de 2026, varios edificios del sector pasaban semanas sin recibir servicio de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD). Además de la falta de agua, los residentes denunciaron acumulación de basura y ocupación ilegal de aceras por vehículos y negocios informales, configurando un cuadro de abandono institucional.
Las intensas lluvias de abril de 2026 agravaron adicionalmente la situación. El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) reportó que unos 20 acueductos quedaron totalmente fuera de servicio como consecuencia de las lluvias, afectando a una población de 193,624 usuarios en todo el país. La vulnerabilidad del sistema de agua potable frente a eventos climáticos —que se repiten año tras año— indica que no existe un plan de contingencia efectivo.
La Fuerza del Pueblo, en su evaluación técnica de abril de 2026, calificó la contaminación y pérdida del suministro de agua potable tras fenómenos atmosféricos como «uno de los impactos más críticos y menos atendidos» de los últimos cinco años.
Calles, inundaciones y puentes: la infraestructura que no aguanta
Cada vez que llueve, amplias zonas del país se inundan. No es novedad. Lo que sí resulta alarmante es la contundencia con que la oposición y los propios técnicos del gobierno lo han documentado. La Comisión de Infraestructuras de la Fuerza del Pueblo señaló en abril de 2026 que solo 2 de los 10 planes de drenaje urbano comprometidos durante este período gubernamental fueron iniciados, y ninguno fue completado. El Ministerio de Obras Públicas (MOPC) admite que más del 40% de los puentes del país no cuentan con una inspección técnica reciente.
El director de la CAASD intentó en abril de 2026 atribuir parte de las inundaciones a la acumulación de basura en cañadas y drenajes, exhortando a la ciudadanía a tomar conciencia sobre el manejo de desechos sólidos. Sin embargo, los especialistas apuntan a fallas estructurales más profundas: obras inconclusas, sistemas de drenaje pluvial obsoletos y una planificación urbana que ha cedido terreno ante la presión demográfica. En La Romana, en Santo Domingo Oeste y en decenas de municipios del interior, la escena se repite con cada aguacero: calles convertidas en ríos y comunidades aisladas.
Las aceras tampoco escapan al deterioro. En barrios como la Zona Universitaria y sectores de Santo Domingo Oeste, los peatones se ven obligados a caminar por las calzadas debido a que las aceras han sido tomadas por estacionamientos informales, negocios y basura. La Ley 225-20 de Gestión Integral de Residuos Sólidos existe, pero su aplicación sigue siendo laxa.
El transporte público: miles de fallas detectadas, el problema continúa
El estado del transporte público de pasajeros fue expuesto de forma involuntaria por el propio gobierno durante la Semana Santa de 2026. El Intrant realizó 8,084 inspecciones técnicas en paradas de autobuses y unidades de transporte en más de 40 terminales a nivel nacional, como parte del operativo «Conciencia por la Vida». El resultado fue elocuente: se detectaron más de 3,900 fallas en condiciones esenciales para la seguridad vehicular. Entre ellas, 713 neumáticos en mal estado, 1,313 luces dañadas o rotas y 1,015 cristales deteriorados, entre otros defectos.
Estos datos no se refieren a vehículos fuera de circulación, sino a unidades que estaban activas, transportando pasajeros a diario. La pregunta que surge inevitablemente es: ¿qué ocurre los 51 domingos del año en los que no hay operativo especial de Semana Santa?
El sistema de alertas y emergencias: tarde, descoordinado y desactualizado
Quizás uno de los hallazgos más preocupantes del período es el relacionado con el sistema nacional de alertas tempranas ante desastres. La Comisión de Infraestructuras de la Fuerza del Pueblo documentó que el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) activó alertas con hasta 12 horas de retraso en varios eventos entre 2021 y 2024, generando mensajes inconsistentes entre instituciones. Durante el paso de las tormentas Fred, Fiona y Franklin, la confusión institucional costó vidas.
El COE llegó a operar con equipos de la era anterior a 2016 durante el paso del huracán Franklin. Y aunque la República Dominicana destinó más de 18,000 millones de pesos en presupuesto de emergencias entre 2020 y 2024, además de 9,500 millones en contrataciones directas sin licitación y préstamos externos por 850 millones de dólares al Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y la CAF, los ciudadanos no han experimentado mejoras proporcionales en resiliencia, seguridad o calidad de vida.
La voz de los ciudadanos: entre el hartazgo y la resignación
Las redes sociales y los medios digitales han amplificado lo que antes quedaba reducido a quejas de vecindad. Durante el apagón del 11 de noviembre de 2025, miles de dominicanos inundaron Twitter/X y Facebook con denuncias en tiempo real. Lissa Fernández, empleada bancaria entrevistada por la AFP, resumió el dilema de muchos: «En mi trabajo hay luz, hay planta, pero en mi casa no hay y el metro no está funcionando.» Leonel Encarnación, dueño de una barbería, relató que aunque sus máquinas funcionan con batería, los clientes abandonaron el local ante el calor agobiante sin aire acondicionado.
Prensa escrita como el Listín Diario, El Caribe, Diario Libre, El Nacional y Hoy.com.do, cadenas televisivas, emisoras de radio y un creciente ecosistema de podcasts de opinión han dado cobertura sistemática a estos problemas. Lo que antes tardaba días en llegar al debate público, hoy se convierte en tendencia en horas. La ciudadanía está informada. La pregunta es si el gobierno está escuchando.




