Francisco expresó su esperanza de que los gobernantes se comprometan a proteger a sus pueblos de «catástrofes incesantes y lutos innumerables». Asimismo, hizo un llamado a que temieran el juicio de la conciencia, la historia y de Dios, y que priorizaran el bien común por encima de todo.
Frente a los reyes Felipe y Matilde de Bélgica, así como al primer ministro en funciones, Alexander De Croo, el Papa subrayó el papel fundamental de Bélgica como un puente para construir la paz y rechazar la guerra. Recordó que la historia del país es rica en cultura y logros, pero también marcada por guerras y colonialismo, lo que resalta la necesidad de reflexionar sobre el pasado para forjar un futuro más armonioso en Europ