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Guatemala inhuma restos de 68 indígenas masacrados

Guatemala inhuma restos de 68 indígenas masacrados

Los restos de 68 indígenas masacrados durante el conflicto armado interno comenzaron a ser inhumados este lunes en el oeste de Guatemala, en un acto colectivo de dignificación que busca cerrar heridas históricas y devolverles identidad más de cuatro décadas después de la guerra civil.

Este día estamos honrando y conmemorando a estas víctimas del conflicto armado interno, pero básicamente es una dignificación. Tenemos 68 osamentas recuperadas; la mayor parte están identificadas, pero hay 20 que no lo están, sin embargo, aquí se van a quedar”, explicó a EFE José Silvio Tay, representante de la Asociación para la Justicia y la Reconciliación.

Restos recuperados

Los cuerpos fueron recuperados en distintas exhumaciones realizadas entre 1998 y 2014, y corresponden a civiles —incluidos niños y ancianos— de comunidades del municipio de San Martín Jilotepeque, como Choatalun, Pacoj, Cruz Nueva y La Estancia de la Virgen, en la provincia de Chimaltenango.

Las víctimas fueron ejecutadas extrajudicialmente por el Ejército de Guatemala durante las campañas contrainsurgentes de 1982, uno de los períodos más cruentos de la guerra interna.

Memoria del Silencio

El conflicto armado interno en Guatemala (1960-1996) dejó más de 200,000 muertos y 45,000 desaparecidos, ensañándose especialmente con la población maya del altiplano.

De acuerdo con el informe “Guatemala: Memoria del Silencio” de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), en Chimaltenango se documentaron al menos 63 masacres perpetradas por las fuerzas de seguridad del Estado, con un saldo estimado de más de 15,000 víctimas directas.

Testimonios de sobrevivientes

Para sobrevivientes como Fabián Martín, cuyo padre fue capturado por soldados en 1982 en una incursión que diezmó familias completas en el caserío Pacoj, el proceso de sepultura tomó 44 años.

La idea de ellos era eliminar toda la comunidad, pero aquí estamos ahora dándole sepultura”, relató Martín.

San Martín Jilotepeque, situado a unos 54 kilómetros de la Ciudad de Guatemala, fue uno de los municipios más golpeados por la violencia durante la guerra interna.

Pese al alivio de decenas de familias que acudieron al cementerio local, la herida sigue abierta para otras víctimas como María Candelaria, de la aldea Choatalun, cuyo esposo continúa desaparecido tras ser recluido en un destacamento militar.

Hasta hoy no tengo conocimiento de él; quisiera al menos saber que está en tal lado”, lamentó Candelaria.

Acto de dignificación

La inhumación colectiva representa un acto de memoria y justicia para las comunidades afectadas, que durante décadas han reclamado el reconocimiento de las víctimas y la responsabilidad del Estado en las masacres.

Organizaciones de derechos humanos subrayan que estos procesos de dignificación son esenciales para la reconciliación nacional, aunque advierten que la falta de justicia plena mantiene abiertas las heridas del conflicto.

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