La vicepresidenta del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Zoraima Cuello, atribuyó este martes los cacerolazos registrados la noche del lunes en distintos sectores del Gran Santo Domingo y otras ciudades del país a la indignación ciudadana frente a la deficiente gestión del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Cuello opinó que las manifestaciones con ollas y utensilios metálicos eran una señal de que una parte importante de la sociedad sentía que sus preocupaciones cotidianas no encontraban respuestas oportunas en el Gobierno. “Los cacerolazos no aparecen de la nada y esas manifestaciones tienen un significado que las autoridades no deberían minimizar”, expresó la dirigente, quien fue viceministra de la Presidencia.
Democracia y expresión ciudadana
“En democracia, cuando la ciudadanía se expresa de manera pacífica, la primera responsabilidad de quienes ejercen el poder es escuchar”, agregó Cuello, al tiempo que subrayó que la trágica muerte del joven Darlin Mercado Reyes fue el detonante de la protesta, pero que el malestar acumulado respondía también al alto costo de la vida, la inseguridad y los apagones.
Malestar acumulado
La dirigente enumeró las causas del descontento:
- Hogares que vuelven a padecer apagones.
- Comunidades que deben comprar agua por falta de suministro estatal.
- Familias cuyo poder adquisitivo se deteriora.
- Ciudadanos que reclaman mayor transparencia en decisiones que afectan su economía.
- Preocupación por disposiciones del nuevo Código Penal que, según advirtió, podrían debilitar la libertad de expresión.
“Cada uno de esos desafíos exige respuestas concretas. Pero todos ellos, en conjunto, revelan un reto aún mayor: preservar la confianza de la ciudadanía en sus instituciones. Ningún país puede avanzar de manera sostenible cuando esa confianza comienza a erosionarse”, manifestó.
Compromiso opositor
Cuello aseguró que el PLD mantenía el compromiso de ejercer una oposición responsable, que fiscalizara con firmeza, propusiera con seriedad y colocara siempre el interés nacional por encima de cualquier conveniencia política.
“La República Dominicana necesita menos confrontación estéril y más capacidad para resolver los problemas que afectan la vida diaria de la gente. Los gobiernos no pierden la confianza de la ciudadanía de un día para otro. La pierden cuando dejan de escuchar las señales que la sociedad les envía antes de que el malestar se convierta en frustración”, concluyó.




