Un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos señala al gobierno cubano de mantener durante décadas una estrategia de influencia política, espionaje y apoyo ideológico a movimientos de extrema izquierda dentro y fuera del hemisferio occidental.
Según funcionarios estadounidenses, el documento, de 64 páginas, sostiene que Cuba habría construido una amplia estructura de inteligencia y relaciones internacionales con el objetivo de fortalecer movimientos afines a su ideología y afectar los intereses de Estados Unidos.
El informe afirma que, durante casi 70 años, el régimen cubano ha tenido participación en distintos movimientos revolucionarios y organizaciones de izquierda radical, utilizando una combinación de operaciones de espionaje, propaganda e influencia política.
El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que las redes de inteligencia e ideológicas de La Habana han contribuido al crecimiento de sectores de extrema izquierda en Estados Unidos y otros países occidentales.
El documento también describe a Cuba como un actor que combina métodos tradicionales de inteligencia con estrategias de influencia social y política. De acuerdo con sus autores, la isla ha buscado establecer alianzas con organizaciones internacionales y grupos estadounidenses cercanos a sus posiciones.
El informe menciona vínculos entre instituciones cubanas y varias organizaciones de izquierda en Estados Unidos, además de señalar viajes, intercambios y actividades políticas que, según el Departamento de Estado, forman parte de una estrategia de acercamiento e influencia.
Asimismo, el reporte destaca casos históricos de ciudadanos estadounidenses acusados de colaborar con los servicios de inteligencia cubanos, entre ellos el exdiplomático Víctor Manuel Rocha y la exanalista de la Agencia de Inteligencia de la Defensa Ana Belén Montes.
Los funcionarios estadounidenses aseguran que la inteligencia cubana ha mantenido como prioridad la infiltración de instituciones de Estados Unidos y la obtención de información estratégica para beneficiar a aliados internacionales de La Habana.
El informe fue divulgado en un momento en que la administración estadounidense mantiene una postura más dura hacia el gobierno cubano, aumentando la presión para que realice cambios económicos y políticos.
Por su parte, autoridades cubanas han rechazado las acusaciones y han afirmado que Cuba no representa una amenaza para Estados Unidos, calificando estas señalamientos como parte de una campaña política en contra de la isla.
Aunque el documento presenta un amplio análisis histórico sobre las actividades de Cuba en materia de inteligencia e influencia, no incluye nuevas pruebas clasificadas y se basa principalmente en información disponible públicamente.




