El 8 de agosto de 1974, el entonces presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, anunció su renuncia al cargo, convirtiéndose en el único mandatario en la historia del país en dimitir voluntariamente.
La salida del trigésimo séptimo presidente de EE.UU. se produjo tras el escándalo conocido como Watergate, una compleja trama de espionaje político y encubrimiento que inició con un aparente robo y terminó con una investigación periodística ganadora del Premio Pulitzer.
“Nunca he sido un desertor. Dejar la presidencia antes de que termine mi mandato es abominable para cada instinto de mi cuerpo. Pero como presidente, debo poner los intereses de Estados Unidos en primer lugar”, dijo Nixon en su discurso, transmitido por radio y televisión.
¿Qué fue el caso Watergate?
El escándalo Watergate expuso un sistema de espionaje político orquestado por miembros de la administración Nixon, y su posterior intento de encubrimiento. El caso marcó un antes y un después en la historia del periodismo y la política estadounidense.
Todo comenzó el 17 de junio de 1972, cuando cinco hombres (cuatro de ellos de origen cubano) fueron sorprendidos durante la madrugada al forzar la entrada del edificio Watergate, en Washington D.C., donde operaba la sede del Comité Nacional del Partido Demócrata.
Un conserje alertó a la policía, que detuvo a los intrusos. Al día siguiente, el periódico The Washington Post publicó la noticia con detalles sospechosos: los arrestados llevaban trajes, cámaras, micrófonos y cerca de 2,300 dólares en efectivo.
La investigación que cambió la historia
Los jóvenes periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward, del Washington Post, comenzaron una investigación que destapó conexiones entre los detenidos y la Casa Blanca. Con la ayuda de una fuente anónima —conocida como «Garganta Profunda», y cuya identidad fue revelada décadas más tarde como Mark Felt, subdirector del FBI—, los reporteros demostraron que altos funcionarios del gobierno estaban involucrados.
Uno de los hallazgos clave fue que el fiscal general, John Mitchell, controlaba un fondo secreto para espiar a miembros del Partido Demócrata.
Aunque Nixon ganó la reelección en noviembre de 1972, las investigaciones continuaron. En febrero de 1973, el caso llegó al Senado y comenzó a ser televisado en audiencias públicas, generando gran interés nacional.
Si bien no se pudo comprobar que Nixon ordenó directamente el espionaje, sí quedó claro que intentó encubrir los hechos para proteger a su administración.
El golpe final: las grabaciones secretas
La situación se agravó cuando se reveló que Nixon había instalado un sistema de grabación en la Oficina Oval, supuestamente para ayudar a escribir sus memorias. El Congreso exigió los audios, pero el presidente se negó a entregarlos, alegando razones de seguridad nacional.
Finalmente, la Corte Suprema ordenó la entrega de las cintas el 24 de julio de 1974. En una de ellas se escuchaba a Nixon ordenar que la CIA interfiriera en la investigación del FBI, apenas seis días después del robo.
Este hecho desató un proceso de impeachment (juicio político) por obstrucción a la justicia y abuso de poder. Quince días más tarde, el presidente Nixon anunció su renuncia.
El perdón presidencial
El vicepresidente Gerald Ford asumió la presidencia y, un mes después, otorgó un indulto total a Nixon, evitando así que fuera procesado por sus actos.




