Desde hace un tiempo es notable la falta de empatía de los políticos locales, y cada día parecen estar más dominados por la frivolidad y la banalidad.
El pasado miércoles se conmemoró el primer aniversario del desplome del techo de la discoteca Jet Set, una tragedia que dejó un saldo fatal de 236 personas fallecidas y 180 heridas, muchas de las cuales tienen secuelas permanentes, tanto físicas como emocionales.
Han pasado 365 días desde el 8 de abril de 2025, cuando la poderosa voz de Rubby Pérez entonaba la canción Color de Rosa y, siendo las 12:44 de la madrugada, el estruendo del desprendimiento del techo convirtió en tristeza lo que debió ser una noche de alegría.
Doce meses han transcurrido y la herida se mantiene abierta entre los familiares que perdieron a un ser querido en esta tragedia, que dejó a 174 niños huérfanos, de los cuales 34 perdieron a ambos padres en esta desgracia.
Si bien es cierto que aún persisten el dolor y la sed de justicia, lo vivido el pasado miércoles fue desgarrador al evidenciar que el trauma sigue presente y que no se ha podido superar un hecho que hirió el corazón del pueblo dominicano.
Pero en medio de tanto vacío y dolor, el miércoles 8 de abril de 2026, al recordarse el primer año de la tragedia, fue notoria la ausencia de los políticos en los actos de conmemoración de las víctimas. Incluso faltó una simple mención en sus cuentas de redes sociales para no olvidar a las 236 víctimas de este hecho.
Duele, sí, duele en lo más profundo saber que más de 200 personas perdieron la vida en la principal pista de baile del país; pero duele aún más la indiferencia de muchos, entre ellos los políticos. Estos parecen ser cómplices con su silencio o su apatía ante un tema que marcará para siempre la historia de la República Dominicana.
¿Qué les pasó a los políticos el pasado miércoles? ¿Olvidaron que la tragedia del Jet Set aún está latente en el corazón del pueblo dominicano, o prefieren callar para no caer en desgracia con un propietario cuya fortaleza son los medios de comunicación?
La indiferencia, al igual que la inercia, son males que arrastramos como país. Muestra de ello son los problemas ancestrales que aún tenemos sin resolver y una deuda social que está a la espera de pasarnos factura.
Los políticos deben recordar que no pueden ser apáticos ante el dolor ajeno ni indiferentes a los problemas de la gente, porque si perdemos la empatía, deja de tener sentido un trabajo que requiere amor, sacrificio, esfuerzo y entrega para transformar nuestra sociedad.
Debemos dejar de lado la foto y el video para las redes sociales, que parecen ser un objetivo mayor que ayudar a una persona en situación de precariedad o calamidad. Como dicen las Sagradas Escrituras en Mateo 6:3: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha”.
Hay que devolverle valor a la política. Esta adquiere una dimensión mayor cuando somos empáticos y mostramos verdadera vocación de servicio. Ojalá la empatía vuelva a nuestros políticos y entiendan que los mejores resultados se logran cuando se le da calor humano y valor a quienes son el verdadero propósito de la política: la gente.





