Ismael Ureña Pérez, de apenas 14 años, simboliza el precio más alto que algunos jóvenes pagan por perseguir el sueño de llegar a las Grandes Ligas.
Hijo de una madre vendedora y un padre mercader, encontró en el béisbol la esperanza de salir de la pobreza, pero su vida terminó abruptamente por el uso de esteroides.
Su historia pone en evidencia la oscura realidad que envuelve a los prospectos en República Dominicana, donde la promesa de éxito deportivo se mezcla con sustancias peligrosas, explotación y una alarmante falta de regulación y monitoreo médico.
Un sistema que sacrifica sueños y vidas
En el verano de 2024, Ismael Ureña dejó su hogar en San Luis, Santo Domingo Este, para entrenar en una academia independiente.
Poco después, comenzó a experimentar graves síntomas: pérdida de sensibilidad en sus piernas, orina rojiza como sangre y ojos amarillos.
Las pruebas médicas revelaron la presencia de caballín, un esteroide veterinario comúnmente utilizado para mejorar el rendimiento suministrado por los entrenadores sin tener habilitación para el uso de estas sustancias.
El caballín y otros anabólicos como el Winstrol, el Deca-Durabolín y el Testogan son utilizados por entrenadores sin supervisión médica, poniendo en riesgo la salud de adolescentes.

Ismael no es el primer caso; desde 2011, varios prospectos han perdido la vida en circunstancias similares, sin que las autoridades hayan implementado soluciones concretas.
Academias independientes bajo la lupa
Tras la muerte de Ismael, el Ministro de Deportes, Kelvin Cruz, ordenó la suspensión de actividades en academias independientes por 45 días, exigiendo su regularización ante la Oficina Nacional del Comisionado de Béisbol.
Esta medida busca frenar el uso indiscriminado de sustancias y proteger a los adolescentes que aspiran a firmar con equipos profesionales.
Una industria marcada por el abuso
El uso de esteroides anabólicos no solo afecta a prospectos adolescentes; también es un problema recurrente en el béisbol profesional.
Más de 50 jugadores dominicanos han sido suspendidos por estas prácticas. Sin embargo, los casos en jóvenes son especialmente alarmantes por las graves secuelas físicas y mentales que pueden ocasionar.
El National Institute on Drug Abuse señala que el uso de anabólicos puede provocar ataques cardíacos prematuros, tumores hepáticos y trastornos psiquiátricos, entre otros problemas irreversibles.
En algunos casos, el cese del consumo genera depresión, creando un ciclo de dependencia difícil de romper.

Estas sustancias son administradas al ojo porciento, sin tener conocimiento de como puede reaccionar un humano a estos químicos.
Sueños rotos por los esteroides
La trágica muerte de Ismael Ureña Pérez expone un sistema que explota los sueños de los más vulnerables a cambio de promesas.
Mientras el béisbol sigue siendo una esperanza para miles de familias, la falta de controles, la ambición desmedida y la indiferencia de las autoridades han convertido esta industria en un terreno peligroso.
Los jóvenes entre 12 y 16 años son sometidos a pruebas extremas de rendimiento que lleva al abuso de estos anabólicos para poder presentar condiciones fisicas excepcionales por encima de sus edades.
En el pais no existe un estudio serio sobre los prospectos del baseball y como el uso de estas sustancias ha afectado sus vidas.
Proteger a los jóvenes no debe ser una opción, sino una responsabilidad ineludible para evitar que más vidas queden truncadas por el peso de una pelota y un bate.




